En once años se han desmantelado en el Alto Sil 345 lazos de acero que amenazan la vida de los plantígrados LOCALIZADOR | Crónica | Con la patrulla oso |
La población de osos pardos aumenta el 73%, pero aún corre riesgo de extinción Título cuerpo 20 2 líneas 3 4 Las mil huellas del plantígrado en los montes del Alto Sil
La Junta delimita áreas críticas en el nuevo plan de recuperación que aprobará este año

Cortín tradicional que cuenta con un pastor para protegerse del oso
Desde el Muxiven, a más de dos mil metros de altitud, se dominan los valles lacianiegos de Sosas, Robles y Lumajo. Un poco más al norte se alza la silueta sinuosa del Cornón (2.188 metros) y al otro lado se adivinan las tierras asturianas de Somiedo. Pero el centenar de osos pardos que sobreviven en la zona occidental de la cordillera cantábrica -130 según las estimaciones más optimistas- no conocen fronteras provinciales, ni se disputan las lindes. Los osos se mueven guiados por las estaciones en busca de comida y por sus instintos en busca de pareja o para proteger a sus crías. Desde las primeras décadas del siglo XX la población occidental, que habita entre Los Ancares de Lugo, Asturias y León, no ha mantenido contacto alguno con sus parientes más cercanos, los 30 ejemplares que, como máximo, campan por la zona oriental de la cordillera, entre Asturias, Cantabria y, sobre todo León y Palencia. El Muxiven fue testigo mudo de la muerte del último oso abatido a tiros en el occidente leonés, según el curioso libro escrito por Don Pepito, como se conocía a José Gancedo, vecino de Tejedo del Sil. El cazador nunca fue descubierto y la piel del oso tampoco. Por fortuna, el furtivismo «puro y duro» sobre los osos pardos cantábricos se ha extinguido antes de que acabara con un animal mítico, que hizo sufrió su peor situación demográfica a mediados de los 90. Desde 1973 está prohibido y es delito cazar osos en España, pero nunca se condenó a nadie. Hoy día, tras quince años de vigencia del plan de recuperación del oso pardo en la cordillera cantábrica, aún se diagnostica «elevado riesgo de extinción». Las poblaciones han aumentado en conjunto entre 28% y 44% respecto a las estimaciones de 1986 y entre el 73% y el 55% si se compara con los censos de 1990. Pero la viabilidad de una población de osos se asocia a varios cientos de ejemplares y superfifices de varios miles de kilómetros. «Hay más ejemplares, pero no hay más territorio, incluso menos porque hay más actividad humana», precisa César Pollo, técnico de Espacios Naturales de la Junta. En el núcleo oriental se han avistado entre 1999 y 2004 once osas con 17 crías y en el último año eran siete reproductoras frente a tan sólo dos que llegó a haber en los años. En el occidental, cada año se han visto ocho osas con oseznos en -49 en el período mencionado- 14 de ellas en León. Es una incógnita cuántas crías han salido adelante. El infanticidio de los machos durante la época de celo, debido a la escasez de hembras, es una de sus amenazas. «Las osas andan estresadas no saben en qué rincon meterse para que los machos no las pillen», subraya el técnico de la Junta. Esto explicaría que a veces se las vea cerca de las poblaciones. Pero la muerte de osos causada por personas y la pérdida y fragmentación del hábitat «son los factores de amenaza más importantes», según la Estrategia Nacional para la Conservación del Oso Pardo Cantábrico.La Junta tiene previsto aprobar antes de que finalice el año la primera revisión de aquel plan. Asturias y Cantabria ya lo han hecho. Una de sus principales novedades es que determinará, dentro de la zona oso, una serie de áreas críticas para proteger de forma especial espacios «vitales» para la especie, es decir, los sitios donde se alimenta, se reproduce o hiberna con más asiduidad. Los seguimientos sistemáticos realizados son la base del nuevo plan. Los nuevos peligros La finalidad de la revisión es, según la consejería que dirige Carlos Fernández Carriedo, «incrementar el número de ejemplares hasta conseguir una población reproductora estable, evitar el aislamiento de las poblaciones oriental y occidental y favorecer la recolonización de nuevas áreas». Si los rifles ya no apuntan a los osos, la acción humana todavía constituye un notable peligro para el plantígrado. Las trampas y los venenos destinados a cazar o eliminar el jabalí son uno de los principales caballos de batalla de las patrullas de vigilancia de la Fundación Oso Pardo. Sólo en la cuenca del Alto Sil, donde trabaja un equipo de cuatro guardas, se retiraron un total de 345 lazos entre 1993 y 2004, si bien en los tres últimos no alcanzaron la decena por año. En este período, la patrulla oso del Alto Sil ha tramitado 36 denuncias, nueve de las cuales se refieren a laceros sorprendidos in fraganti con un total de 88 furtivos implicados lo que, según la fundación, «muestra el buen trabajo de la patrulla». TLas poblaciones cantábricas de osos pardos ocupan un área de 5.000 kilómetros cuadrados entre Galicia, Asturias, Cantabria, León y Palencia, pero están separadas por 50 kilómetros de «frontera humanizada» por infraestructuras y actividades económicas, desde las minas a las pistas de esquí, las autopistas y el ferrocarril. Desde los Ancares de Lugo hasta el puerto de Pajares y desde Somiedo, en Asturias, hasta Páramo del Sil en León la población occidental abarca unos 2.600 kilómetros cuadrados, el 70% en Asturias. La oriental se extiende por unos 2.480 kilómetros cuadrados desde Campoo de Suso (Cantabria), al este, hasta el puerto de Vegarada por el oeste. El 85% de la superficie pertenece Castilla y León aunque afecta también a Cantabria y Asturias. La patrulla de la Fundación Oso Pardo, de la que forman parte como Lorenzo, Luis y José (el cuarto guarda está de permiso), sigue los ritmos marcados por el plantígrado en la zona occidental leonesa, entre los municipios de Villablino, Palacios y Páramo del Sil, zona conocida como el Alto Sil, donde se tiene constancia de la muerte de osos abatidos por el hombre En verano las jornadas se inician y terminan con el sol. «Es fácil que los osos se encamen en este tiempo a las ocho y media de la mañana y no vuelvan a salir hasta que cae la tarde, se tumban a la sombra entre los árboles o las rocas después de comer un poco por la mañana», explican. En esta época hay poca comida, pero el oso «no desprecia nada». Lo mismo levanta unas pesadas piedras en busca de hormigas o, con un poco de suerte, un ratón, que se desliza ladera abajo hacia el valle de San Miguel y se encarama a un cerezo para procurarse unas piezas de fruta. 1397124194 La patrulla del oso sigue los ritmos del plantígrado en busca de sus huellas. En verano inician y terminan la jornada con el sol y aprovechan las horas de más calor para descansar. «En este tiempo es fácil que los osos 'se encamen' a las ocho y media de la mañana y no vuelvan a salir hasta que cae la tarde, se tumban a la sombra entre los árboles o las rocas después de comer un poco por la mañana», explican Luis, José y Lorenzo. Son tres de los cuatro guardas de la Fundación Oso Pardo que trabajan en el Alto Sil. En agosto revisan las arandaneras para ver cómo va la cosecha y así saber dónde es más probable que puedan avistar a los animales en los próximos días. Este año, además, tienen que prestar especial atención a las oseras, los refugios donde hibernan y se reproducen las osas, con vistas a la delimitación concreta de las áreas críticas del nuevo plan de recuperación de la especie cantábrica. Las oseras son el santuario del oso y sobre todo de las osas con crías así que se prevé su protección especial durante el invierno frente a actividades cinegéticas, entre otras. La patrulla recorre los montes desde Páramo del Sil hasta los límites con Asturias desde que empezó a trabajar en 1993 y ya ha superado en sus estadísticas el millar de indicios de presencia y avistamientos directos de osos en la zona (976 hasta diciembre de 2004). En lo que va de año, Lorenzo se ha topado diecisiete veces con el oso, el animal más grande de la fauna ibérica. «El incremento anual de localizaciones de osos está relacionado con la mejora progresiva de la formación y del conocimiento del territorio de la patrulla y con una progresiva, mayor y más estable presencia de osos en la comarca», precisa José Luis García, coordinador de proyectos de la FOP. Los guardas recogen sus observaciones en fichas que la oenegé remite a la Junta de Castilla y León periódicamente. Si se trata de un avistamiento la cosa se complica un poco: entonces, cada cinco minutos el agente tiene que anotar detalles minuciosos de lo que ve. Es como una foto fija por escrito de las escenas en las que el oso se hace visible en esta parte de la cordillera cantábrica. Durante cuatro años la patrulla del Alto Sil siguió el rastro de Margarita una osa, a la que apodaron así por su predilección por estas flores. En ese tiempo tuvieron conocimiento de sus dos partos y hallaron la osera que se hizo escarbando en la tierra, pero hace tiempo que no la ven. De manera aislada, las fichas dicen poca cosa, pero a lo largo de años han proporcionado una sabrosa información sobre los osos pardos cantábricos. La paciente espera de los guardas ha demostrado, por ejemplo, que no todos los osos hibernan, ha confirmado la práctica del infanticidio por los machos en celo y despejado dudas sobre la forma de amamantar a las crías. «No se sabía si les daba sólo por las mamas pectorales o también por las ventrales», explican los guardas del Alto Sil. A partir de los excrementos recogidos durante años se ha sabido, además, que el oso obtiene el 45% de su dieta alimenticia de plantas herbáceas, el 30% de frutos secos, el 4% de insectos, el 10% de frutos carnosos y el 8% de ganado. José, el más joven de la patrulla, no podía dar crédito a sus ojos cuando contempló por primera vez la estampa en Leitariegos. «Era una osa, a la que bautizamos como Elena, con dos crías. Estaba pastando en un prado como las vacas». El oso «no desprecia nada» y menos en verano. Lo mismo levanta unas pesadas piedras en busca de hormigas o, con un poco de suerte, un ratón, que se desliza ladera abajo hacia el valle de San Miguel y se encarama a un cerezo -ha dejado sus marcas en una una rama rota- para procurarse unas piezas de fruta. En el peor de los casos se puede colar en un colmenar y preparar una fechoría al propietario, como ocurrió recientemente en Lumajo. Los daños del oso son indemnizables, pero para fomentar la «convivencia» pacífica de osos y humanos la Fundación Oso Pardo proporciona a los apicultores pastores eléctricos con los que proteger sus cortines del goloso animal. Este año ha prestado seis de estos dispositivos eléctricos.