«Da vergüenza mandar a sacar patatas a gente que te llega con muchos títulos»

Miguel Ángel Cueto, en su despacho de UGT
Por la oficina de UGT para apoyo a inmigrantes, que lleva personalmente Miguel Angel Cueto, sin ningún funcionario que le ayude a él mismo, pasan a diario no menos de dos docenas de personas, cada una con un problema diferente. En el pasillo hacen cola magrebíes que buscan permisos de residencia, subsaharianos para lo mismo o apuntarse a una bolsa de empleo, o rusos que han perdido el antiguo paraíso comunista y que ahora recalan en León a la búsqueda de trabajo. En una estantería de su despacho están cuidadosamente colocadas, se diría que con mimo, reproducciones de vehículos públicos de toda sudamérica, el típico regalo en cerámica que los turistas compran lejos, pero que a él se los regalan, auténticos, por agradecimiento. Para las fotos le gusta posar delante. Según Cueto, las necesidades y la propia supervivencia marcan la demanda de cursos de formación profesional para extranjeros, de forma que lo primero es el idioma para entenderse, en el caso de los magrebíes o los europeos del Este, lo segundo la movilidad para seguir buscando trabajo, el carnet de conducir, y lo tercero y, si hay suerte, optar a los trabajos con mayor demanda y remuneración, todo ello, por supuesto, después de haber pasado el filtro de tener los «papeles», o sea el permiso de residencia. En contra de prejuicios ampliamente extendidos los inmigrantes que llegan a León suelen traer un bagaje profesional nada desdeñable, aparte de la juventud y la predisposición a aceptar todo tipo de empleos. Los que llegan de Africa, tanto la magrebí como la subsahariana, lo hacen hablando casi siempre francés y árabe, y no pocos añaden nociones rudimentarias de inglés. En cuanto a los europeos del Este su formación tiene poco que envidiar a la española, lo mismo que la de los sudamericanos que se aventuran a cruzar el charco , que es como ellos mismos denominan al océano Atlántico. En la lista de espera para colocaciones UGT tiene, por ejemplo, al brasileño André Vicente de Campos Silva, nacido en Sao Paulo que lleva cinco en León, donde se ha diplomado en Ciencias empresariales y recursos Humanos. Habla Español, inglés, francés, italiano, portugués y catalán básico, según figura en su curriculum sindical, aunque hasta ahora sólo ha podido trabajar aquí de dependiente, de camarero o de traductor esporádico en academias de idionas. Requerido poe este periódico y UGT alegó, con razón, estar demasiado ocupado en trabajar y estudiar. No es el único, según Cueto, que afirma conocer diariamente a muchos inmigrantes que reclaman reciclarse a cualquier tipo de empleos, independientemente de titulaciones universitarias que, homologables o no burocráticamente aquí, demuestran una cualificación profesional que no se corresponde con los empleos ofertados y que desprecían los españoles. «Te llega gente de Méjico o de Argentina con un montón de títulos debajo del brazo y me da vergüenza decirles que lo único que tienen es un trabajo para sacar patatas, pero ,como ellos dicen que sí y no queda otro remedio, eso es lo que hay».