«Si alguna vez muero, querida madre, no te apenes y sé feliz»
«Si alguna vez muero, querida madre, no te apenes y sigue siendo feliz». El arzobispo castrense que ofició la misa recordó en su homilía esta frase de uno de los soldados fallecidos. Fue uno de los puntos culminantes de la ceremonia celebrada ayer en el Palacio de Buenavista. Un acto cuidado hasta el mínimo detalle para hacerlo más llevadero a los familiares de las víctimas, sometidos a una enorme tensión emocional desde el martes. Algunos de ellos no pudieron soportar el dolor y tuvieron que ser atendidos por los servicios médicos. Una vez que se tuvo noticia del siniestro todo han sido atenciones para ellos. El Gobierno ha corrido con todos sus gastos de traslados, alojamiento y manutención. Cada familia ha estado permanentemente acompañada por dos oficiales y el presidente viajó para consolarlos a sus lugares de origen y luego repitió el gesto en el velatorio. Ayer, la tónica continuó: desde los abrazos de consuelo que les prodigó la familia real a su ubicación en la mejor zona del patio de armas del Cuartel General del Ejército para evitar que les diera el sol. Personal médico, sanitario, psicólogos y personal de Defensa estuvieron en todo momento a su disposición.