Historiador
«Franco creía que Juan Carlos estaba atado y bien atado»
El hispanista británico destaca el papel del monarca como bisagra entre franquistas y opositores, «bombero» de la democracia contra los golpista y ahora jefe de Estado neutral

El historiador británico Paul Preston, en abril de este año
Está considerado uno de los biógrafos más rigurosos de Franco y del Rey. Paul Preston (Liverpool, 1946) es autor además de libros como La destrucción de la democra-cia en España , El triunfo de la democracia en España , La Guerra Civil Española y Las tres Españas del 36 . Cuando se cumple el 30 aniversario de la proclamación de don Juan Carlos, Diario de León le ha entrevistado en su domicilio de Londres. -¿Qué ventajas ha tenido para España la monarquía de don Juan Carlos? -La primera es que en los 18 meses que transcurrieron desde la muerte de Franco hasta las primeras elecciones funcionó como una bisagra entre las fuerzas franquistas y la oposición democrática. Teniendo al legitimidad de ser el sucesor de Franco, de alguna forma tranquilizó a los franquistas, mientras se negociaba con la oposición. La segunda es el papel que jugó como bombero de la democracia, apagando los incendios del golpismo, lo que culminó el 23-F. A partir de entonces ya desarrolla otro papel, ser un jefe de Estado neutral. Una persona que está por encima de los partidismos, y, dado que España sufrió una cruenta guerra civil y una larga dictadura y sigue siendo un país con muchas crispaciones, yo creo que este papel es fundamental. -¿Qué cualidades valoraría del Rey como «político»? -Lo primero es que Juan Carlos se ha tomado muy a pecho ser Rey de todos los españoles. Es decir, tiene un gran patriotismo y ama profundamente a España, con lo cual actúa siempre a favor de los intereses de España. Pero a la vez tiene una gran sensibilidad hacia las reivindicaciones y las sensibilidades no sólo de andaluces y castellanos, sino también de gallegos, vascos y catalanes. Quiere ser el Rey de todos los españoles. Luego, tiene un tacto político muy importante y en su trato diario con los sucesivos jefes de Gobierno y los ministros ha sabido funcionar sin roces. -¿Cree que es cierto lo que cuenta Carrillo, que el Rey le dijo que se había hecho el tonto hasta que fue proclamado, para no desvelar sus intenciones democratizadoras? -Es un tema que hay que verlo mirando la cronología. Juan Carlos, cuando llega a España con 10 años, no trae un plan así, como es lógico. Viene a desempeñar un papel muy desagradable para un niño, que es ser el representante de su padre, que es el heredero legítimo del trono. Pero, a medida que se da cuenta de que Franco no tiene la más mínima intención de nombrar a su padre y que tiene que ser él el Rey, hay un proceso que tiene varios elementos. A finales de los años 50 y en los 60 se va haciendo cargo del hecho de que para seguir en el trono, una vez que acceda a él, tiene que abrir el régimen. En esos años, primero en las academias militares y en la universidad, y luego visitando todas las partes de España en representación de varios ministerios, llega a conocer profundamente el país y a los españoles y sintoniza con lo que es un gran deseo socio-lógico de cambio. Eso es una parte y él lo reconoce. Por otro lado, está la influencia de su mujer. Se casa en el año 62 y la princesa Sofía, que ha conocido los problemas que ha tenido la monarquía griega, a manos de unos golpistas militares, le hace ver que lo primero es conseguir el trono, pero después, para que dure, hay que llevar a cabo una cierta democratización. Y en eso yo sí creo que, a lo largo de los años 60, se va haciendo, si no el tonto, como mínimo el mudo. -¿Franco intuía que Juan Carlos iba a pilotar una cambio de-mocrático, como aseguran algunos historiadores? -Yo en eso estoy totalmente en contra. Creo que Franco, cuando decía constantemente que todo está atado y bien atado lo que más bien quería decir es que Juan Carlos estaba atado y bien atado. Hubo momentos en que ministros de Franco, los más derechistas, los más duros franquistas, le avisaron, le previnieron contra Juan Carlos. Pero Franco constantemente decía no, no, ha jurado lealtad a los principios del Movimiento y las Leyes Fundamentales y están las instituciones para controlarle, y no va a romper su juramento. Franco estaba convencido de la lealtad de Juan Carlos y de la potencia de las instituciones y de las leyes para controlarle. -Creía entonces que iba a seguir un franquismo con don Juan Carlos. -Yo creo que sí. -¿Tenía Franco afecto al príncipe? -Estoy seguro que sí. Franco no tuvo hijos varones, siempre lo había echado en falta. Y por eso, como Juan Carlos, además, era militar y muy afable, se hizo querer y Franco era de los que le querían. -¿Qué opina del pacto del olvido sobre el que se basó la transición, que incluía dejar al Rey al margen de las críticas? -El pacto del olvido tiene varias partes. Está la amnistía, que es la base, que supone no husmear en los crímenes, en las responsabilidades del anterior régimen. En un momento, hablamos de 1976, en el que había un Ejército muy hostil a la democratización, una Guardia Civil igual, y 200.000 falangistas con licencias de armas había que andar con muchísimo cuidado. Yo creo que en ese momento se puede entender el por qué del pacto del olvido, que fue un pacto a nivel oficial, porque los historiadores seguían investigando en todas las partes de España. En aquel momento fue necesario, pero tantos años después es demasiado. Sobre la segunda parte de su pregunta, usted sabrá mejor que yo si en la prensa hay una tendencia a no criticar al Rey. Yo cuando hice mi libro sobre él encontré críticas en ciertos sectores de la prensa. -Incluso el periodista más conocido de la emisora de los obispos le ha acusado de perjudicar a la derecha. -Es que este señor al que usted se refiere es muy particular, representativo de un sector muy de derechas y si el Rey ha perjudicado a ese sector yo creo que habrá sido en bien de la democracia.