El Rey juraba el cargo nervioso y preocupado
«Desde la emoción en el recuerdo a Franco, gritad conmigo: ¡Viva España! ¡Viva el Rey!». Resultaba evidente que esa frase, pronunciada el día de la jura de don Juan Carlos en las Cortes, no era la acordada en el guión protocolario del acto. Pero el presidente del alto organismo, Alejandro Rodríguez de Valcárcel, más franquista que falangista, se dejó llevar por la emoción y aludió al Caudillo, cuyos restos mortales ya reposaban en el Valle de los Caídos, bajo una pesada losa de granito de 1.500 kilos. Don Juan Carlos, con el uniforme de capitán general de los Ejércitos, tenía ojeras y cara de asustado, mientras su hijo Felipe, de sólo siete años, estaba contento y sorprendido. Medio camuflado entre los ayudantes del nuevo Rey, estaba el general Alfonso Armada, con su bigote recortado y sus ojos escrutadores, pensaba ya en los problemas que se le ve-nían encima al monarca. Primer dato: en el discurso de don Juan Carlos, fueron más aplaudidos los párrafos dedicados a Franco que las referencias a la nueva de-mocracia («quiero ser el rey de todos los españoles», «que ninguna queja quede desatendida», etc). Girón de Velasco y otros procuradores del llamado búnker no fueron con la etiqueta requerida y llevaron la camisa azul y la corbata negra falangista. Significativamente, la revista F uerza Nueva , que presidía el ultra Blas Piñar, título en su primera página: «Franco ha muerto ¡Viva Franco!», olvidándose del nuevo monarca. No se olvidaron, en cam-bio, de que don Juan Carlos había jurado fidelidad a las leyes fundamentales del régimen. Claro que para el nuevo presidente de las Cortes, Torcuato Fernández Miranda, un asturiano con más capas que una cebolla,