La iglesia de la Asunción es la última de la lista de los 149 monumentos de León

La iglesia de la Asunción de Villacé no sólo domina desde su posición el caserío del pueblo sino que ocupa un importante volumen. El templo está formado por tres naves separadas por arcos ojivales muy apuntados y arcos de medio punto en sentido transversal, pero apenas se percibe esta división. Influida por las tendencias del Renacimiento, la iglesia se abre a la luz con una disposición tipo salón. Excepto la torre, que data del siglo XV, el resto de la edificación fue reformada en 1687, aunque entre su patrimonio mueble conserva piezas de épocas anteriores. En aquel entonces las armaduras moriscas que al parecer tuvo en su origen fueron sustituidas por bóvedas de yeserías, muy adornadas y pintadas. Sin embargo, sus orígenes se perdieron en el fuego que asoló la villa durante la invasión napoleónica o «francesada». Un incendio provocado el 11 de julio de 1811 en la vilal asoló un total de 50 viviendas con 11 personas dentro, según consta en los documentos rescatados por el Ayuntamiento de Villamañán. Lo primero que llama la atención del templo es el imponente pórtico de suello enchinarrado, que dibuja filigranas geométricas con canto rodado. Su cubierta de armadura, que ya sólo conserva el esqueleto, se apoya sobre unas esbeltas columnas de piedra. El 10 de mayo pasado, la Dirección General de Patrimonio de la Junta abrió un expediente para declarar esta iglesia Bien de Interés Cultural, que el pueblo lo había reclamado años atrás infructuosamente. Ya figura en la lista de los 149 bienes de interés cultural de la provincia y está sujeta a la misma protección que los declarados. El artesonado mudéjar y los retablos son su principal riqueza interior. Aparte del retablo del altar mayor, churrigueresco, destaca el retablo barroco de La Piedad, que divide dos recintos en una de las capillas laterales. De estilo barroco son también los retablos dedicados a la Inmaculada, San Antonio de Padua, San Francisco, San Juan Bautista (con una imagen de tamaño natural), Nuestra Señora del Amparo y el Cristo, este último con crucifijo de estilo gótico, al igual que una talla del siglo XIV de la Virgen que se encuentra en el retablo de San Francisco junto a una imagen de Santa Úrsula, degollada y con el corazón arrancado. Entre las pinturas, las más valiosas son las reseñadas por Gómez Moreno en el Catálogo Monumental. Se trata de una tabla al temple de finales del siglo XV que representa la degollación de San Juan Bautista y de un copia en lienzo, sobre fondo dorado, del retrato de cuerpo entero de San Francisco. El pavimento de las naves, formado por grandes losas de pizarra, es otro de los elementos singulares de este templo. Durante los meses de invierno las losas se empañan de «sudor» debido a su composición, a la humedad y a la circunstancia de que esta zona de la iglesia fue utilizada como cementerio hasta el siglo XIX. De hecho, muchas de las losas tienen inscripciones funerarias y escudos. La pila bautismal de piedra, el púlpito de madera policromada y el órgano del siglo XVIII se suman a su riqueza artística. Pese al abandono que ha sufrido la iglesia el órgano se mantiene íntegro con una «excelente talla barroca que remata a las trompetas». En el teclado se aprecia la antigüedad de este instrumento que viene certificada por una inscripción en la parte central en la que consta el año 1747 como fecha de su fabricación. Otro de los valores de la iglesia de Villacé se encuentra escondido tras los encalados que cubren las paredes. Con ocasión de las obras realizadas en la torre se realizaron unas pequeñas catas en los muros interiores que han descubierto restos de pinturas murales. La grandiosidad de este templo se explica por la importancia que en su tiempo debió de tener el pueblo de Villacé. Pese a su cercanía con Villamañán, localidad de la que dista apenas dos kilómetros, Villacé, que forma parte de la subcomarca de Los Valles, gozaba de gran importancia. Entre las casas señoriales que fueron arrasadas durante la «francesada» figura la de los duques de Sexto y los marqueses de Villasinda con sus archivos, al igual que los archivos parroquiales.