El envenenador es cada vez más profesional y usa mezclas letales
En uno de cada cinco episodios de envenenamiento, el tóxico empleado es desconocido, bien por no haber tenido acceso a los resultados de los laboratorios o porque no se ha determinado. Mientas en los años 90 en el 25% de los casos se desconocía el tipo de veneno, en la década del 2000 el porcentaje sólo alcanza el 13%. Los dos tóxicos detectados en mayor número de casos son el carbofurano y el aldicarb, que en conjunto suponen la mitad de los venenos. El arsénico y el cianuro han desaparecido del espectro de tóxicos empleados, casualmente coincidiendo con la aparición de los citados carbamatos. Su aplicación es, en opinión de los expertos forenses, «un claro indicio de la profesionalización del envenenador», ya que uno novato siempre utiliza productos de menor toxicidad, como mezclas consideradas un clásico (estricnina, cianuro y arsénico). El autor experimentado emplea mayoritariamente productos de elevada toxicidad -letales de necesidad para un vertebrado- y conoce las técnicas de preparación de cebos y de aplicación del veneno adecuado para producir una muerte certera pero retardada. La preocupación llega al conocerse que muchos envenenamientos ocurrieron en montes de utilidad pública o dentro del espacio natural protegido de Picos de Europa. En Asturias, la mitad de la fauna muerta se encontró dentro del parque nacional. En Cantabria, el porcentaje fue del 45,7%, mientras que en León sólo un 18% de los episodios se registraron dentro del territorio protegido por el ministerio.