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Zapatero remienda su Gobierno
Montilla está más presente en las reuniones de partido
El presidente del Gobierno se aplica intensamente en las últimas semanas a remendar decisiones políticas y administrativas. Ya advertimos de que venía maniobrando, mientras que el PP se movía a piñón fijo. Atención a los resultados de esos movimientos porque en la política, como en la física, la dinámica siempre suele dar más juego que la estática. «Del presidente hay que entender que se está moviendo mucho últimamente, pero que juega a medio plazo, con la vista puesta en el 2008, que es la única encuesta que le interesa», comenta un colaborador muy cercano en Moncloa. Ejemplos de remiendos a considerar son, según la misma fuente, el relevo del director general de la Sociedad de la Información, para dar mayor impulso al Plan Avanza, o el nombramiento de Francisco Vázquez como embajador en el Vaticano, para ver si consigue indulgencias. «Hay que leer la letra pequeña de los acuerdos del Consejo de Ministros -advierte el interlocutor- para darse cuenta de esos cambios aparentemente sin importancia». La pregunta clave es si Zapatero, aunque haya empezado por abajo, no ha decidido definitivamente un remiendo mayor para incorporar al Gobierno algunas caras nuevas en cuanto se cumplan dos años de mandato, a la altura de abril. Todo parece indicar que sí. Pero las reparaciones no sólo pasan por nombramientos en puestos clave, aunque en segundos niveles, a la espera de la gran remodelación: Zapatero se mueve y se aleja públicamente de Maragall, por cuya continuidad no apuesta, y se distancia también de Esquerra Republicana. Para que quede claro que eso no significa alejarse de Cataluña, donde su popularidad es alta, participó hace ocho días en el Consejo del PSC en Barcelona, aguantando alguna impertinencia, y se reunió con lo más granado del empresariado catalán en casa de Ricard Fornesa, presidente de La Caixa. Montilla fue invitado y Maragall no. «Le han estado complicando la vida a Zapatero desde el tripartito y ahora se encuentran con que los ha descolocado su pacto con Artur Mas. Deberían aprender que donde las dan las toman», escribía en La Vanguardia el profesor Francesc de Carreras. Paralelamente, en la Comisión Constitucional del Congreso ha comenzado a suceder lo que algún estratega -se sospecha de Alfredo Pérez Rubalcaba por ser el más listo de la clase- diseñó con clarivi-dencia: que el Estatuto catalán se va aprobando con artículos moderados y queda fuera del consenso sólo el PP, que ha llegado a votar en algún caso contra su propia propuesta, y Esquerra Republicana. Claro que no está todo resuelto y que, como advierte Durán Lleida, «llegarán las incidencias más adelante». Pero de momento, Artur Mas, aprobados los primeros artículos, ha podido decir que «hoy es un gran día para Cataluña porque se nos reconoce como nación sin romper la Constitución Española» y, sobre lo mismo, Carod Rovira ha declarado con tristeza que «se ha frustrado nuestro sueño de vernos reconocidos como queríamos». Mejor regalo para Zapatero, imposible. Concluida la «semana de remiendos catalanes», el viernes Zapatero abrió, con su comparecencia ante la prensa, la semana vasca. Quizás no suceda nada o, incluso, no es descartable que un comando por su cuenta arruine el calendario de lo que se cuece. Pero lo que vemos no es gratuito: aunque la oposición haya logrado colocar la idea de que «con Zapatero se excarcelan más etarras», cuando en realidad se aplican los mismos beneficios penales que con Aznar, hay elementos para pensar que estamos en la antesala de algo más que una posible tregua. La soledad de Zapatero La sensación es que en este delicado proceso, Zapatero está muy solo: acosado mediáticamente, porque eso el PP lo hace de cine, y, lo más grave para el país, incomunicado con Mariano Rajoy porque la desconfianza mutua es máxima. Y ojalá que no sea irrecuperable porque las grandes heridas de un país no las puede, ni debe cerrar medio Parlamento. Ni tres cuartos. La primera frase del ministro del Interior, Jose Antonio Alonso, en su rueda de prensa de esta semana fue significativa: «Estamos aquí porque definitivamente el PP se ha pasado de la raya». Acudía al Congreso a explicar a diputados y senadores socialistas la realidad de las excarcelaciones equivalentes a la etapa de gobierno popular, aunque es cierto que ahora van cumpliendo redención los más sanguinarios y conocidos como el francés Henry Parot, los hermanos Troitiño, etcétera. Y a ratos libres Madrid. El go-bierno de Esperanza Aguirre comprueba con incomodidad que el presidente aparece más por la capital de lo que lo hacía en su primer año de mandato cuando no paraba, acaso fascinado, de viajar al extranjero. Y lo hace con declaraciones no siempre brillantes como cuando dijo esta semana que «tengo la suerte de sobrevolar Madrid casi todos los días y ver sus gentes atareadas...». «¿Pero es que éste va a trabajar en helicóptero?» se preguntaba un taxista malhumorado en el atasco. Madrid es importante porque sumado a Cataluña y Andalucía supone casi la mitad de la población española. Si en Cataluña le va bien y en Andalucía, según el Abc de Sevilla, el PSOE está veinte puntos por encima del PP en intención de voto para las autonómicas, Zapatero echa cuentas y, según dice, a él le salen, aunque a los demás no les cuadren. Entretanto, el PP sigue con su peregrinaje recogiendo firmas y preparando la convención de marzo que puede aportarle un repunte en las encuestas. No se ha confirmado todavía, pero se asegura que Rajoy le ha encargado el discurso de apertura a José María Aznar. Algunos en el PP interpretan que si esto es así «deberá entenderse como una muestra de que Mariano ya se hizo mayor y se puede permitir sin complejos ese gesto». Aunque hay otra interpretación menos benéfica, claro.