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Hastío empresarial por la crisis

La ciudadanía y el empresariado muestran su preocupación por la situación política y el clima de enfrentamiento que vive España en los últimos meses y por sus consecuencias

Montilla nos ha enchufado a Internet

Montilla nos ha enchufado a Internet

Publicado por
Manuel Campo Vidal - redacción
León

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No sólo la ciudadanía ofrece síntomas de cansancio ante la situación política que vive España. De forma especial, el empresariado muestra su preocupación por el clima de enfrentamiento y sus consecuencias para la economía y la convivencia. «Estamos permanentemente ante un choque frontal entre los dos partidos principales cuando lo ideal sería un acuerdo, en lo básico, entre ellos», señala a este periódico José Luis Manzanares, pre-sidente de una prestigiosa ingeniería que está consolidando su expansión internacional. La crispación reinante daña apreciablemente el liderazgo de los principales dirigentes, aunque a ellos no parece alarmarles demasiado. Quizás por-que, se les valore como se les valore, la próxima presidencia del Gobierno está entre dos únicas personas: o el actual titular o su principal opositor. Es lo que hay. El jueves pasado, en una mesa de empresarios andaluces que acudieron a escuchar al presidente del PP, Mariano Rajoy, en la Tribuna del Grupo Yoli, en Sevilla, se echaba en falta la presencia, en la actual situación, de personajes de la talla de Adolfo Suárez y Felipe González. «Yo añadiría a Aznar en esa lista», apuntó uno, con la precisión inmediata de otro, que aprobó la mayoría de los comensales: «Pero el Aznar de la primera época, no el de la última». Otro empresario incorporó el nombre de Jordi Pujol, con asentimiento general, lo que tiene especial valor en la situación actual y en un escenario andaluz. A partir de ahí, frialdad hacia Rajoy y críticas a Zapatero. Esa es la fotografía muy aproximada de lo que se escucha habitualmente en las conversaciones del mundo de la empresa, donde los enfrentamientos políticos en las Cortes suenan distantes y, si acaso, preocupantes. Planteaba Rajoy, con tono crítico pero sin las estridencias de Acebes y Zaplana, una enmienda a la totalidad de la política de Zapatero basada en que «ha equivocado el objetivo nacional: en vez de preocuparse de la pérdida de competitividad de España se ha metido a reformar la Constitución y los Estatutos y a preguntarnos de donde venimos, o que somos, en vez de saber donde queremos ir». Otro de los empresarios y un catedrático sevillano coincidían a la salida: «Tiene razón Rajoy, pero Aznar tampoco se preocupó de la productividad y de la baja presencia de tecnología en la empresa. Se dedicó a meterse en otros huertos». Financiación catalana Quizás el pasaje más interesante fue el «cotilleo» -así lo definió Rajoy- sobre el recorte de financiación a Cataluña protagonizado por Pedro Solbes, tras los acuerdos Zapatero-Mas del mes de septiembre. Según Rajoy, el vicepresidente Solbes, a quien tiene «por hombre solvente, aunque escurra el bulto con frecuencia», rebajó las expectativas de los nacionalistas catalanes justificándolo así ante algunos consejeros autonómicos que le señalaron la contradicción entre la supuesta promesa del presidente y ese recorte: «Yo no tengo la culpa de que el secretario general del Partido Socialista viva en la Moncloa». La percepción general es esa: Zapatero, como en su día Aznar cuando era prisionero en las Cortes de Pujol y Arzalluz, tiene condicionada su política por la presión nacionalista, independientemente de los errores propios que bien podría ahorrarse, como el referido a su relación la Asociación de Víctimas del Terrorismo o los ejercicios acrobáticos sobre las opas a Endesa. «A ver cómo explica-mos a los alemanes que están en la factoría de Volkswagen en Cataluña, o que vienen en masa a España como turistas, que no les dejamos comprar Endesa», se preguntaba Rajoy ante un público que parecía compartir esa afirmación. Esa es la situación y no parece que vaya a variar demasiado en los próximos meses: enfrentamiento alarmante entre los dos partidos principales; cu-lebrón de Endesa, ahora con actores alemanes; escaramuzas para aprobar un Estatuto cata-lán recortado pero de digestión controlable, y tanteos al mundo etarra que «lleva mil días sin matar, después de diez mil días de matar», como ha dicho Felipe González. La verdad es que en medio de tanta declaración desatinada se agradece que reaparezca González, aunque sea por unas horas, como ha hecho en el homenaje a Fernando Buesa, para decir que «todos los gobiernos han intentado dialogar con la banda y merecen el apoyo de la oposición, aunque el Gobierno se equivoque». Déficit tecnológico Entretanto, España retrocede en competitividad mientras crece el déficit exterior. Menos mal que llegan algunos indicadores esperanzadores sobre la propia situación económica y la expansión internacional de empresas españolas -de Inditex al BBVA-, así como el incremento significativo del número de ciudadanos que acceden a Internet. El jueves próximo acaba en Zaragoza la campaña «Todos.es», impulsada por el Ministerio de Industria a través de la empresa pública Red. es. Se diseñó con Aznar y se ha materializado con Zapatero. El ministro José Montilla, tan cuestionado por la extrema derecha mediática, podrá ofrecer datos excelentes: más de millón y medio de españoles han contactado con las nuevas tecnologías en año y medio gracias a ese despliegue. Pero hay algo más valioso en esa campaña, como ejemplo a seguir, más allá de sus brillantes resultados: afronta un problema nacional muy serio -el déficit tecnológico y el analfabetismo digital- que se disponía a combatir el Gobierno del PP y lo ha hecho con gran eficacia su relevo, el Gobierno del PSOE. Eso es, en esencia, lo que pide el empresariado y la ciudadanía: acuerdo de fondo en lo esencial.

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