Diario de León

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Eterno retraso y fotos mafiosas

Publicado por
Íñigo Domínguez - roma
León

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El escrutinio empezó ayer a las tres de la tarde, pero enseguida se vio que, de todas formas, a los italianos les iban a dar las tantas antes de sacar algo en claro, o al menos entenderlo. Como siempre. Encima esta vez, con la incertidumbre del resultado, se hizo especialmente desesperante la habitual lentitud del recuento. La parsimonia de Interior en el escrutinio, un clásico electoral, cumplió las peores expectativas, al igual que la escasa capacidad didáctica de los gráficos de la televisión. Durante toda la tarde, a ninguna cadena se le ocurrió recordar los resultados de las elecciones anteriores, por si servía para comparar, y no se daba el porcentaje de escrutinio, sino que se reflejaban en números puros y duros los colegios contabilizados. Por ejemplo, 2.854 de 60.828 (a las 18.30 horas), y quien quisiera entender, que entendiera. El escrutinio de la Cámara de Diputados a media tarde apenas había comenzado. El Senado sí, pero también iba muy lento. Además, incluso las encuestas a pie de urna de Nexus se demoraron hasta dos horas. Las sospechas Con todo, la jornada acabó bien. No fue lo de 2001, cuando la reducción de colegios para ahorrar produjo colas gigantescas. Un señor de Calabria, que se hizo famoso, votó a las cuatro de la mañana después de siete horas de fila. Esta vez, tras día y medio de voto todos los colegios cerraron a su hora. Otra cosa es el anecdotario, que tampoco decepcionó. No faltó a la cita uno de los episodios habituales, aunque increíbles e inquietantes, que es el de la sospecha de compra de votos. Todo el mundo sabe que la Mafia siciliana, la Ndranghetta calabresa, la Camorra napolitana y la Sacra Corona Unita de Puglia hacen sus elecciones, moviendo paquetes de votos a favor del candidato que más se acerca a sus intereses. Pero es que además casi siempre pillan a alguien con las manos en la masa y queda demostrado. Un señor de Caserta, cerca de Nápoles, fue sorprendido mientras fotografiaba su papeleta, ya marcada, con una pequeña cámara. Es la señal clara de que, después pensaba mostrarla a modo de «recibo» a quien le debe pagar su voto o simplemente verificar que se ha portado bien. El secreto del voto es lo que tiene, y por eso se prohíben entrar a la sala de las urnas con móviles equipados con cámaras. Se registraron varios casos más, y no sólo en el sur del país. Lo que no se sabe es a cuántos no pillaron por la obligada intimidad de la cámara de reflexión.

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