| Entrevista | Concha Casado Lobato |
«Lo ideal sería que alguien creara una red de museos comarcales»
«Queda aún mucha cultura tradicional viva y recuperable del siglo XVII para acá, especialmente en todo lo que se refiere a las artesanías»

Concha Casado, etnógrafa e investigadora del CSIC
Galardonada hace una década con el título de «leonesa del año» por sus trabajos de etnografía en comarcas como la Cabrera, Maragatería y el Bierzo, Concha Casado Lobato ayudó a crear, entre otros, los museos de la alfarería de Jiménez de Jamuz, los dos del Val de San Lorenzo, vinculados a la antigua industria textil de la lana, el de Encinedo en plena sierra cabreiresa y el de la arriería en Santiagomillas. Hoy los sigue de cerca y cree que ninguna pieza debe salir de allí, porque son un testimonio de la vida de los pueblos. -¿Los museos de los pueblos deben quedar donde están o agruparte en las ciudades? -Están bien donde están, aunque para mi lo ideal sería comarcalizarlos para agrupar la historia y las tradiciones. Las piezas que conservan deben exponerse donde nacieron y, si hay alguna especialmente valiosa, que pueda correr peligro, cosa que raramente sucede, son las autoridades quienes tienen que solucionar la seguridad para que no suceda así. -¿Cincuenta son demasiados museos para una provincia? -Si lo dicen, será verdad, pero yo no sabía que hubiera tantos. ¿De poco valor o aislado? Insisto en que deberían agruparlos por comarcas. Muchos son simples colecciones particulares que pasan luego a los ayuntamientos desde que en los años ochenta empezó la nostalgia por las costumbres del pasado a medida que se despoblaban las zonas rurales. Si no hubiera sido por muchos maestros y curas que se empeñaron en guardarlas gran parte de lo que ahora se conserva hubiera quedado perdido sin remisión. Tampoco se buscan grandes cosas, sino ustensilios de labranza, trajes o ropas típicas, herramientas de un siglo o dos, etcétera. Se han recuperado hasta hornos alfareros del XIX en Jamúz, lo mismo que telares en la Maragatería. -Usted guía a menudo grupos de jóvenes universitarios extranjeros. ¿Alguno le ha preguntado algo así como «para qué valía esto»? -Hombre, hay anécdotas, pero más bien preguntan cómo se hacían antaño las cosas y luego se entusiasman. Además de universitarios vienen también escolares y se quedan sorprendidos, además de encantados. -¿Los pequeños museos podrían competir, juntos, con los grandes para atraer turismo, como se pretende en las ciudades? -Yo no me he planteado nunca ese tipo de cuestiones a la hora de ayudar a que se creara un museo rural. Soy contraria a sacar dinero de la cultura y jamás lo haría, porque se trata de un bien que es válido en si mismo y no un objeto a explotar para medir en beneficios. Los museos deben ser conservados y conocidos y difundidos, pero no para negocio.