Diario de León

| Reportaje | Régimen de semilibertad | PILAR, VANESA Y MARGARET

«La confianza hay que ganársela cada día»

Felipe está en segundo grado y pasa la mayor parte del día en el pequeño taller del centro

Felipe está en segundo grado y pasa la mayor parte del día en el pequeño taller del centro

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«Esto es un lujo; hay una gran diferencia con la prisión de Mansilla», afirman tres de las cinco mujeres que cumplen condena en el centro de reinserción Jesús Haddad. Pilar, Vanesa y Margaret son un paradigma de la individualización de los tratamientos del tercer grado. Cada una está en una situación diferente. Pilar tiene destino en el centro, trabaja como limpiadora en las oficinas y en los baños, y su plan actual es llegar a las nueve de la mañana y marchar a las seis de la tarde. Con 30 años tiene el «privilegio» de dormir en casa para ocuparse de su hijo de dos años, al que «le acabamos de quitar el pañal». Sin embargo, Vanesa no verá a su hija de seis años hasta el fin de semana porque su domicilio está en Benavente y disfruta de los permisos de fin de semana, desde las 16.00 horas del viernes a las 21.45 del domingo. Ambas cumplen una condena de tres años y seis meses por el mismo delito contra la salud pública y han estado casi dos años en la prisión de Mansilla, aunque a Pilar la Justicia le permitió vivir con su hijo recién nacido hasta que cumplió el primer año de edad. Margaret, de 27 años, es polaca y acaba de ingresar en el centro de reinserción, pero sabe que el «mínimo fallo puede costarme la vuelta atrás; la confianza hay que ganársela cada día». Ha estado cuatro años y medio en Mansilla de las Mulas y no saldará su deuda hasta el 2011. Es excepcional que un preso extranjero llegue al CIS, pero Margaret ha sido beneficiada por la entrada de su país en la Unión Europea. Pronto empezará a trabajar como camarera en un establecimiento leonés. En la prisión siempre trabajó y se empleó a fondo para aprender a hablar castellano.

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