Diario de León
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La historia de Navarra puede resumirse en una palabra: pacto. Cuando todavía era un reino independiente siempre buscó vías de negociación para no someterse a los invasores, lo hizo con romanos, musulmanes aragoneses y franceses. Hasta que en 1515 fue conquistada por Castilla. Pero incluso entonces, consiguió mantenerse como un estado con fronteras y moneda propias dentro de otro estado, basándose en sus fueros, una especie de primitiva constitución que limitaba el poder real. En 1839, tras perder la Guerra Carlista, Navarra tuvo que ceder sus privilegios ante el estado liberal, aunque fue capaz de no ceder parte de su independencia. Este estatuto foral se conoce como la Ley Paccionada, por haber llegado a un pacto en su redacción entre el Gobierno central y la diputación. Esta ley de 1841 todavía sigue vigente. El actual marco autonómico de Navarra no es un estatuto y su elaboración no es fruto de los artículos 141 o 151 de la Constitución, como el resto de comunidades. Los fueros navarros son reconocidos por la constitución en la disposición adicional primera, por lo que la Lorafna (Ley Orgánica de Reintegración y Amejoramiento del Régimen Foral de Navarra), se limita a modernizar, ampliar y ajustar a la Constitución la Ley Paccionada. Así, las principales características del régimen foral de Navarra son una hacienda y un derecho civil propios y la posibilidad de asumir todas la competencias que no sean exclusivas del Estado central. La ley facilita dos vías por las que se Navarra puede relacionarse con la Comunidad Autónoma Vasca. Por un lado, la transitoria cuarta de la Constitución posibilita que el Parlamento navarro apruebe por mayoría absoluta la anexión al País Vasco, que luego deberá ser ratificada en referendo. Por otro lado, el artículo 70 de la Lorafna menciona la posibilidad de que Navarra y la CAV creen convenios de colaboración.

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