Diario de León

Once municipios reivindican el agua de Riaño para lograr un medio de vida que dé futuro y asiente población en la zona

Los agricultores prevén el abandono de 20.000 hectáreas si no llega el canal Bajo

El sureste leonés denuncia la precariedad del regadío que permite ahora la CHD

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L. Urdiales - león
León

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«Las tierras que tiene que regar el canal Bajo son el futuro de León para el cultivo de remolacha y biocarburantes» MATÍAS LLORENTE, secretario de Ugal Ponen cara a la decepción que pesa desde hace 20 años sobre el sureste de la provincia de León. Agricultores de hasta once municipios están afectados por la eterna espera por el agua que se prometió a través de la segunda gran estructura dependiente de Riaño, que descansa desde hace 15 años en los cajones del Ministerio de Medio Ambiente y sobre el terreno no es más que un pasillo de barbecho al que respetan las concentraciones parcelarias que se acometen en la zona. Esta es la única cuenta que dan en los pueblos de León sobre el canal Bajo de Payuelos, del que depende que el riego llegue hasta 20.000 hectáreas. Ejemplo de la desesperación que persigue a los agricultores afectados es el caso que exponen agricultores y regantes como Tomás Paniagua, Arturo Ponga, Óscar Díez o Agustín Paniagua, éste último también en calidad de vocal de la comunidad de regantes de Payuelos «que destaca porque es de las más grandes de España, y también porque no tenemos agua», comenta con sorna. La advertencia pasa a tono serio cuando se refieren al futuro que le queda a las decenas de pueblos con tierras que dependen de la ejecución de esta estructura: «O llega ya, o se acabó. Necesitamos el agua porque la agricultura de otra forma se acaba. Y también la población. ¿O qué creen que hay en estas tierras para vivir? No puede ser que los políticos se llenen la boca con esa historia de asentar población en el mundo rural y la única aportación que han hecho son promesas. El resto, es el sacrificio que hemos puesto nosotros, porque el medio rural da para lo que da. Y desde luego, no todos podemos poner casas rurales y centros de turismo», coincide en explicar el grupo de campesinos antes de relatar el sinfín de penurias que le espera al agricultor de estos pueblos si sigue condenado a cultivar secano. «Eso se acabó, y con ello va el resto de la población, los pocos que hemos resistido esperando el agua que no acaban de darnos», reiteran en un mensaje que quieren separar del pesimismo. «Esto es lo que hay». La espera se comparte por Santas Martas, Santa Cristina de Valmadrigal, Valverde Enrique, Castrotierra de Valmadrigal, Izagre, Joarilla, Bercianos, Gordaliza, Calzada del Coto, Villamoratiel o Vallecillo, además de otros cuatro municipios en la provincia de Valladolid. Hay cara de circunstancias para responder a la duda que persigue al desarrollo del regadío en estas tierras del sur. «No sabemos lo que ha ocurrido, o mejor, no queremos saber realmente que a los políticos esta tierra no les importa nada. Si no, cómo se va a entender que sigamos aquí en la misma situación que hace 20 años», responden mientras sobre plano se afanan en explicar la maraña de riego que llega a sus tierras, agua por un canal de tierra, una miseria si se compara con el cultivo que espera el regadío. «Está todo preparado para regar, salvo el medio por el que debe correr el agua. Cada vez que hay una oportunidad, nos la echan abajo», dicen, mientras señalan el trayecto de un entubado de 1,20 metros que se desarrolla desde el ramal centro del canal Alto, y que podría mitigar la escasez de agua que llega ahora por los regatos al sur de la carretera N-120. «Pues tampoco nos dejan regar por ahí, para arreglarnos mal que menos mientras llega la oportunidad del canal Bajo. No sabemos cuál es el problema, porque la tubería ahora está vacía», denuncian. Las consecuencias de la precariedad, de un canal que corre llanura abajo desde El Burgo hasta los aliviaderos que desembocan en el Cea, «no es más que un reguero de tierra, con cauce de peñas en algún tramo» -aclaran los cuatro agricultores-, se advierten al pie de las parcelas. Pivos sin uso, sobre tierras destinadas a la novedad de los cultivos de regadío, devueltas al cereal (abrasado este año por el sol y la sequía) descubren una sensación de desengaño tras media docena de años agarrados a la promesa del canal Bajo: «Ya veis que la gente se cansa de pelear contra la nada. Donde se empezó con maíz o remolacha se ha vuelto a la avena porque no llega el agua». EL CANAL BAJO Millones en inversión Años de proyecto Municipios afectados Años de espera

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