Marimar Blanco: «Más me voy a reír yo cuando vea a vuestros hijos pudrirse en la cárcel!»
La tensión contenida durante dos días estalló al final. Mari Mar Blanco, hermana del concejal asesinado, no aguantó más. Justo cuando la fiscalía terminaba su alegato final, la mujer y varios de sus familiares, amigos y dirigentes del PP prorrumpieron en aplausos al Ministerio Público, que luego se convirtieron en gritos e insultos contra los etarras Txapote y Amaia y sus familiares. La presidenta del tribunal ordenó entonces la expulsión de la familia Blanco y sus allegados. Ni siquiera cuando los forenses donostiarras explicaran con todo lujo de detalles el asesinato del concejal y sus agonía en los últimos instantes. Los dos etarras abandonaron su animada charla y los saludos a sus familiares . En aquel momento, Mari Mar Blanco ya masculló un sonoro «¡asesinos hijos de puta!», mientras su madre rompía a llorar. Cerca de ellas, las caras descompuestas de los políticos vascos del PP como Leopoldo Barreda o Santiago Abascal lo decían todo. Sin embargo, fue el encendido alegato final del fiscal Miguel Ángel Carballo el que desencadenó los incidentes. Un cerrado aplauso de casi un minuto fue la respuesta de los familiares y allegados de Blanco a la petición de la Fiscalía de la «máxima pena» para los procesados. La ovación se convirtió en gritos de «¡Justicia, Justicia!» que a su vez se transformaron en insultos primero a los etarras y luego a sus familiares. «¡Asesinos de mierda!, ¡cabrones!, '¡txakurras' (perros) de ETA pudríos en la cárcel!, «¡cerdos!» o «¡cobardes!», fueron algunas de las descalificaciones que se pudieron oír en la sala de vistas antes del desalojo. Segundos después y en plena trifulca, Mari Mar Blanco se dirigió a la celda acristalada para increpar a los dos procesados: «¡Miradme a la cara que conmigo no habéis podido!». Txapote y Amaia se limitaron a mirar impasibles a la mujer. Luego, Mari Mar Blanco se dirigió a los familiares de los etarras, que momentos antes saludaban y sonreían a los dos procesados. «¡Reíos, reíos... que más me voy a reír yo cuando vea a vuestros hijos pudrirse en la cárcel!», espetó la hermana del edil a los padres de los terroristas. Fueron las últimas palabras audibles de Mari Mar Blanco antes del desalojo, que se llevó a cabo en menos de un minuto y sin más altercados.