| Reportaje | La tragedia desde el aire |
Cien kilómetros de humo
Una compacta columna de humo lo cubre todo desde el sur de Vigo hasta el norte de Santiago
Víctor Calvo, el piloto, hace un gesto de tristeza con la cabeza. Apenas llevamos diez minutos de vuelo desde que hemos despegado de Alvedro, pero Galicia, vista desde el aire, parece una tragedia aún mayor. Sobre el horizonte, decenas de incendios, centenares de focos, aislados, intencionados, vomi-tando humo al cielo. Da la sensación de que alguien hubiera querido sembrar esta tierra de miseria y de que lo hiciera a conciencia, matemáticamente. Midiendo el espacio necesario entre foco y foco para acabar destruyéndolo todo. Y da la sensación de que siguiera sembrando, porque en lo que dura este vuelo (tres horas y media) nos encontramos tres nuevos incendios. Duele. Duele ver la vida esfumarse en O Pindo o en el embalse de Ézaro. Comprobar el asedio al que está sometido Muros, rodeado de llamas, o la rendición bajo el fuego del monte Louro, arrasado hasta el último árbol. Agobia comprobar la batalla de una motobomba para que las llamas no alcancen una gasolinera de la carretera entre Coristanco y Santa Comba. Ahoga la nube de humo que cubre la ría de Vigo, que sube hasta la avioneta y la impregna del hedor de lo calcinado. De lo muerto. La vuelta es aún peor. Porque la ida la hemos hecho dejando el fuego a la derecha y porque ahora volvemos por la costa, sobrevolando la inmensa cor-tina de humo. Desde allí arriba, Galicia ha desaparecido. Desde el sur de Vigo hasta el norte de Santiago no se ve el suelo ni una sola vez. La herida por la que se desangra esta tierra tiene 100 kilómetros de ancho.