| Crónica | Los últimos incendios |
Las llamas se resisten a que regrese la calma a Barbanza
Después de sembrar la destrucción, el fuego inicia una lenta agonía en la comarca y, pese a estar en sus horas finales, todavía tiene fuerzas para amenazar

Uno de los últimos incendios se registró en Rianxo
Por tercera jornada consecutiva, el sol brilló ayer en Barbanza sin que loviesse la ceniza de las nubes de humo. El nordeste arrastra una sensación de tranquilidad y en el ambiente se respira el fin de la guerra. Sin embargo, la ba-talla todavía no ha concluido. Las llamas se resisten a que regrese la calma a la comarca, son los últimos coletazos de unas llamas que todavía andan sobradas de fuerzas para amenazar casas y ciudadanos. El penúltimo susto se lo llevaron ayer por la tarde los residentes en el barrio pobrense de San Lázaro. Poco antes de las dos, los vecinos alertaron a los integrantes de la recién constituida brigada rápida, formada por doce voluntarios de Protección Civil de A Pobra. Llegaron allí con la motobomba, seguidos del Grumir de Boiro, al que acompañaron después los bomberos de Ribeira. Una vez más se salvaron viviendas y personas. No hubo que lamentar víctimas. En Rianxo, donde ya casi no queda nada por arder, el fuego fue a prenderse, misteriosamente, en un pequeño reducto de la zona de Fachán, en Taragoña, donde todavía quedaban unos milímetros de verde. Como todos los ojos están alerta, una cuadrilla llegó al lugar y, ayudada por agentes locales, se bastó para dejar sin aliento a las llamas e escasos minutos. En Outes, uno de los municipios de Barbanza que podía jactarse hasta ahora de haber visto el fuego de lejos, se ve afectado por los últimos coletazos. Ayer ardió en Valadares, donde se vieron afectadas unas veinte hectáreas. La mayoría del terreno son pastizales y, afortunadamente, no había viviendas. Eso sí, hubo gran número de medios para sofocar las llamas.