«Miro mis plantas y me siento vivo»
A sus 85 años este jubilado que practica la horticultura ecológica asegura que los huertos «son lo mejor que ha podido pensar el Ayuntamiento para los mayores»

Elías Rodríguez y su esposa en el huerto que cultiva en La Candamia
Elías Rodríguez esperó durante cinco años a que le concedieran la explotación de uno de los 144 huertos que el Ayuntamiento de dica en La Candamia al ocio terapéutico de las personas mayores. Cuando se lo dieron fue el hombre más feliz del mundo, porque a él, que no le gustan los bares ni las partidas, no le quedaba otra que sentarse en un banco de un jardín y dejar pasar el tiempo inútilmente. A sus 85 años, ir a la huerta es para él la ilusión de cada mañana y cada tarde y, sobre todo, saber que aún disfruta de la necesaria forma física para cavar, echar el abono, plantar, regar y recoger los frutos. «La planta que puse ayer la miro mañana y veo que ha crecido. Mis plantas me hacen estar al tanto de lo que es la vida, de lo contrario sería un hombre sin ilusión», explica. Por ello, asegura que los huertos son «lo mejor que ha podido pensar el Ayuntamiento para personas mayores que no tenemos otra cosa que hacer que sentarnos en los bancos de La Condesa». Elías Rodríguez presume de practicar la horticultura ecológica, sin usar nitratos ni fertilizantes y de poder comer de esta forma «las mejores lechugas de León». Habla de la tierra con sumo respeto: «Si metes mucho nitrato la tierra llega a sufrir», apostilla. No le importa que las plantas tarden más en crecer o que sean más pequeñas porque prefiere disfrutar de su sabor auténtico y sano: «Sé que esa lechuga y no tiene nada malo». De mayo a septiembre, con el huerto bien planificado recoge suficientes lechugas para sus ensaladas y, si es necesario, para regalar. «A mi me gusta regalarlas, pero que me lleven una me sabe mal», señala su mujer, mientras comentan las incursiones periódicas de desaprensivos y amigos de lo ajeno. No hace mucho se llevaron los ajos de su vecino y una calabaza de su huerta. Las patatas, que se cosechan de una vez, dan para todo el año y los tomates son de primera calidad. Ahora ya sólo quedan las escarolas y algunas berzas. Poca cosa, dice Elías, que le gusta ver su frondosa huerta durante el verano. «Para nosotros es un relax, aquí vengo a disfrutar de la naturaleza, no tanto a trabajar», explica quitando importancia a todas las labores de la tierra que le exigen doblar el lomo y planificar con cuidado la siembra, el riego y la cosecha. «Para aquel que tenga vocación de que la vida no termina con la jubilación esto es ideal porque te pones a escarbar esto o a quitar una hierba de allí y te lo pasas de lo más entretenido». A Elías le gusta participar en los concejos y en las hacenderas y, desde luego, en fiestas y excursiones. Picos de Europa, La Cabrera, Urueña ... son algunos de los lugares que han descubierto gracias a la labor social que realizan desde el proyecto. «Si me quitaran este huerto me entraría mucha pena», dice.