ÁNGEL LUIS PRIETO DE PAULA | PROFESOR DE LITERATURA ESPAÑOLA «La poesía leonesa en el contexto de la poesía española»
«No se puede entender la poesía española sin hablar de León»

Prieto de Paula defendió la existencia de una escuela leonesa
Como también hicieron otros conferenciantes al comenzar su intervención, el salmantino Ángel Luis Prieto de Paula se preguntó si efectivamente puede hablarse de un grupo leonés, de una «cuerda» poética leonesa, así, en específico. «Habitualmente no -dijo-. Cuando hablamos de, por ejemplo, la escuela de Sevilla o el grupo de Valladolid, nos referimos a núcleos que forman parte de una realidad más amplia». Pero en León, dijo, hay que «deponer las reservas». «Y no lo hago por estar hoy aquí», avisó. Así que fue claro: «Existe una poesía específica leonesa». «Una poesía suficientemente caracterizada», entre cuyas razones nombró, aparte de las estéticas, el hecho de que presente una «transitividad»; es decir, que tal escuela «no se agota en el núcleo fundador», sino que «prosigue generacionalmente, pero con una voz propia». «Créanme -rogó-, esto sí pasa en León». Así, Prieto de Paula llamó a la provincia la «Atenas de un territorio particular» donde los poetas más principales hacen que «fermente» la creación de los más jóvenes, aunque su voz sea a veces discordante con la de aquellos. Prieto destacó que, entre 1939 y 1975, «los poetas leoneses han estado sempiternamente presentes», hasta tal punto que no se puede explicar la poesía española del siglo XX «sin hablar de los poetas leoneses». A continuación inició una disertación sobre el estado de la poética española justo antes de la llegada renovadora de la leonesa Espadaña , con los creadores divididos en dos grupos: los «neo-neoclasicistas», cultivadores del soneto, seguidores de Garcilaso y Petrarca, y los «neorrománticos» personificados en los primeros galardonados por Adonais, luego desdibujados. Citó Prieto la rima mítica de De Lama en aquel ya famoso número de la revista: «Si Garcilaso volviera, yo no sería su escudero, aunque buen caballero era». La «aventura» de Espadaña se centró sobre todo en ser «crónica» de la realidad de su tiempo sin dejar a un lado estéticas y expresionismos. Las «prolongaciones» de este movimiento fundado por Crémer, González de Lama, se cifran en el enriquecimiento protagonizado por la presencia de Eugenio de Nora, Antonio Gamoneda... y extraordinarios experimentos posteriores como el libro titulado Parnasillo Provincial de Poetas Apócrifos (Aparicio, Díez, Merino) y los escritos de Sabino Ordás en el suplemento literario del diario Pueblo , una firma que Prieto, de muy joven, creía firmemente que correspondía a una persona real. Pero también habló de producciones posteriores como el Cancionero civi l, de Agustín Delgado, y otras similares, que vinieron a rebatir el lugar común, que, en el año 1965, daba por muerta la poesía social. «Pero no desapareció -aseguró Prieto-, sino que se canalizó a través de otros lenguajes, como el de los cantautores». También se refirió De Paula a la «mitología» de los sesentayochistas y, sobre todo, de los novísimos, que a partir del año 1982 quedan absorbidos por el sistema. Y finalizó su intervención señalando los rasgos más destacados de la poética leonesa actual, una «lírica épica», dijo, que ensambla «lo individual con lo coral», siempre con la memoria como trasfondo. Aquí nombró a Llamazares, pero también a Gamoneda, Mestre, Pereira, César Aller... Acabó con palabras de esperanza para la poesía: «Siempre hay alguien que escucha».