Diario de León
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LUIS ARTIGUE
León

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ANTONIO Gamoneda tiene y sostiene la antorcha de Rimbaud y por eso sabe extraer verdades de la tristeza¿ En efecto, el hecho de que el ganador del Premio Cervantes 2006 haya sido nuestro querido Antonio Gamoneda no supone sólo la culminación de una trayectoria, sino también y sobre todo un acto de justicia poética. Y es que no deja de tener un sentido especial este Premio ya que se le otorga a un poeta distinto cuyo prestigio se lo ha labrado a la contra, fuera de la tendencia realista dominante, asido con decisión y coherencia a una poesía oscura como un agujero de bala, intuitiva, densa, críptica, abstracta, clarividente¿ Poesía difícil de entender y de olvidar. El último Gamoneda, el introspectivo, el silencioso, el obstinado como un tumor, sí, ese poeta que desde su libro emblemático Descripción de la Mentira ha ido intensificando su mundo como protestando contra la tiranía del tiempo, logra ponernos la carne del alma de gallina, sí. Y lo consigue fundamentalmente al hacernos saber que la poesía no es llegar más lejos sino más hondo. Antonio Gamoneda, visionario y melancólico de profesión, siente la inminencia de ese límite que es la muerte y nos avisa: eso es en esencia el Libro del frío y Arden las pérdidas . Pero más allá de toda derrota su mirada crepuscular también se conmueve aún con lo que de verdad importa, y por eso el último libro de poemas que ha publicado como colofón de su obra completa, el titulado Cecilia , es en el fondo una catarsis, un exorcismo, una final puerta abierta a la esperanza y un modo generoso de mirar al ciclo de la vida sin resentimiento¿ Sí, poesía oscura como un pozo lleno de diamantes. Nuestro Antonio Gamoneda, que ha renunciado a las academias como anteponiendo la dignidad a la vanidad, merece el Premio Cervantes no sólo por su obra sino también por su ejemplo de independencia y de coherencia. Su última poesía de surrealista autodidacta, en estos tiempos en los que el surrealismo en vez de un orden distinto se entiende injustamente como una puerta abierta al caos, supone una encomiable apuesta por la diferencia, por la autenticidad, por la libertad, y por la lucha personal e intransferible en pro de un camino propio. Y eso siempre merece premio. Ahora que las trompetas de la gloria literaria suenan en su honor para convertirle definitivamente en un clásico, hora era, es bueno recordar las veces que le hemos visto por las calles de León caminando ensimismado, lento, circunspecto con las manos en la espalda. Es bueno recordar cuantas veces le hemos visto y hemos recordado entonces alguno de sus poemas. Cuantas veces, agradecidamente, hemos querido acercarnos a él con uno de sus libros en la mano para preguntarle en voz baja, así, casi al oído: ¿eres tú el elegido o tenemos que esperar a otro? ¡Es un honor para Cervantes!

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