Diario de León
Verónica Viñas
León

Creado:

Actualizado:

EXCEPTO Antonio Gamoneda, que se veía en el papel de eterno finalista, todos los pronósticos le daban como virtual ganador del Cervantes. Sin entrar en comparaciones, pocos nombres podían realmente competir con la gran voz de la poesía española de las últimas décadas. Tiene Gamoneda un mérito infinito. Forjado en una época oscura para las ideas, supo encontrar luces en una España completamente gris. Renovó la poesía desde un remoto lugar llamado León, lejos de la corte y de los cortesanos, de las camarillas literarias que se agasajan y canjean premios. Se mantuvo al margen. Lo que él tenía que decir era más profundo, más hondo, más terrible, nada frívolo. La vida y la muerte. ¿Hay algo que importe más al hombre? Así es su poesía, puro aliento vital. Un grito, con esa música despiadada que impone a cada sílaba, a cada palabra y a cada frase; ritmo, como el jazz que escucha en sus soledades... Los premios pueden ser puro oropel, pero Gamoneda, que no tiene todos los que merece su intensa y extensa obra poética, se ha ganado a pulso, sudor y, seguramente, muchas lágrimas, los que ha ido cosechando. De modo que el Cervantes, considerado el Nobel de las letras españolas, no podía tener mejor destinatario. Ese hombre de gesto duro y mirada tierna, ese leonés de pro, abanderado de causas imposibles, ese justiciero de la palabra, hace tiempo que tiene reservado un lugar entre los grandes de las letras. El Cervantes no cambia nada, pero bienvenido sea...

tracking