Diario de León

| Reportaje | Seis años después del drama |

«De los que quedamos, no todos piensan seguir»

Ganaderos que superaron la crisis de la montaña oriental en el año 2000 relatan la lenta recuperación de sus explotaciones, que aún tardarán otros 15 años en alcanzar una calidad equiparable a la de an

El identificador de la res es un DNI de plástico con doce dígitos

El identificador de la res es un DNI de plástico con doce dígitos

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Marco Romero - montaña oriental
León

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Radiola, Perla, Chavala, Garbosa, Artillera ... La ganadería de los hermanos Requejo Prada, de Vegacerneja, se va recuperando con más ánimo que suerte. Los nombres de las vacas aparecen en pequeños carteles que ordenan el establo, en realidad una nave de nueva construcción que alberga una cabaña mucho más mediocre de la que había hace seis años, antes de que la brucelosis diezmara casi al completo esta explotación. Fue un auténtico drama familiar. «Cuando dimos cuenta estábamos rodeados por todas partes y no se sabía ni cómo ni por dónde había llegado aquella enfermedad», relata Isidoro Requejo, uno de los ganaderos de la montaña oriental que superó la crisis provocada en el año 2000 por un virulento brote de brucelosis. Sostiene que ha podido afrontar estos años de recuperación porque comparte las obligaciones de la granja con su hermano, pero no está seguro de que pudieran sobreponerse a un nuevo apuro. «De esta salimos con los ahorros, pero ya no dan para más», confiesa. Conformados con menos Entonces tenía unas cien vacas de excelente calidad. «Era la Asturiana de los Valles culona, una vaca maravillosa», defiende. Ahora tiene 90 reses, «pero de categoría inferior». Asegura que los ganaderos de estos pueblos no se atreven a comprar ganado de calidad por temor a un nuevo brote y porque «no podemos pagar 300.000 pesetas por una vaca que, de momento, no tiene salida ninguna». Se da la circunstancia de que este ganadero no ha recuperado la tarjeta sanitaria a la que cualquiera tiene derecho tras haber pasado tres años desde la última vacunación. En su caso sólo han pasado dos años, pero desvela que el abandono de las vacunaciones por parte de la Junta en el 2004 ha propiaciado que las explotaciones que decidieron no vacunar por su cuenta a las ganaderías ya han conseguido la c arta verde . «¿A quién se premia?», se pregunta Isidoro. Según él, «la Junta no ha estado a la altura» en esta crisis. «Hubo pérdidas económicas importantísimas, pero también hay que destacar que se pierde la calidad de las ganaderías». A tenor de lo que han calculado los ganaderos de esta zona, se tardará entre 15 y 20 años en recuperar las cualidades que tenían las cabañas antes de ser atacadas por la devastadora bacteria de la brucela . Toda la producción perdida En dinero, se puede afirmar que el sacrificio de una vaca enferma hace perder entre 500 y 600 euros al titular de la explotación. Las indemnizaciones, las ayudas y los seguros privados vienen a sufragar el valor del animal y parte del lucro cesante, pero no toda la producción que se pierde. En la práctica, la situación en la montaña oriental es de desconcierto e incertidumbre. Se han llevado a cabo las correspondientes campañas sanitarias, pero hay muchas lagunas que evidencian los controles. A pesar de la zonificación que se llevó a cabo como consecuencia del brote de brucelosis del año 2000, en la que se separaron los pastos para las cabañas que habían dado algún positivo y las que no, es un secreto a voces que el ganado se sigue mezclando por muchas circunstancias: las reses pueden atravesar perfectamente las vallas de alambre -«a ver quién para una vaca en celo», dice Isidoro-, las ganaderías domésticas se entrecruzan con animales salvajes imposibles de controlar y casualmente las cabañas con positivos fueron ubicadas en los prados más elevados, por lo que el contagio se puede transmitir a través de las aguas que descienden, además de que el ganado comparte bebederos en la mayor parte de los municipios declarados como Zona de Especial Incidencia. Eso sin contar que, coincidiendo con el abandonio de la vacunación, han empezado a conocerse nuevos casos de brucelosis en la montaña oriental. Una mala noticia Prioro es un ejemplo. En el último saneamiento se descubrieron dos animales enfermos de dos explotaciones distintas. El temor que arrastran desde la crisis del 2000 ya había frenado la actividad en el municipio. Hoy, los dos positivos son recibidos como una mala noticia y pueden acabar con los ánimos de más de uno, como ya ha ocurrido estos años. Según los datos del censo ganadero facilitado por el teniente de alcalde de Prioro, Rafael Díez Riero (PP), cinco de los 25 ganaderos que tenían una explotación en el municipio recuperaron las indemnizaciones y ahora se dedican a otros trabajos. «Y de los veinte que quedamos, no todos tienen expectativas de seguir», asegura. Así lo confirma la abundancia de parcelas vacías que hay en el polígono ganadero de Prioro, donde sólo hay cuatro explotaciones de las 13 que inicialmente pretendían instalarse. «En el camino se han quedado muchos que prefieren esperar a ver qué pasa», afirma Díez Riero, también ganadero junto a uno de sus hermanos. La de los Díez Riero fue una de las ganaderías más perjudicadas por el brote de brucelosis de hace seis años. Tuvieron que sacrificar 98 vacas de las 200 que tenían y no lograron limpiar la cabaña hasta el año 2001. Sostiene que «la Junta vende 'tarjeta sí, vacunación no' sin pensar en lo que afecta en la práctica a los ganaderos, porque ahora todo lo que tenemos va directo al matadero».

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