Diario de León

| Crónica política

ETA pone el contador a cero

No es descartable que la banda sólo pretendiera dar un aviso para forzar la máquina en la mesa de diálogo y alcanzar concesiones

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Manuel Campo Vidal - madrid
León

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Si existiera tecnología para medir la decepción de forma localizada, el resultado sería bien rotundo: en primer lugar, y con diferencia, destacaría la depresión en las cárceles, seguido del desánimo en los familiares de los presos, contrariedad en el Gobierno y en la sociedad vasca y, por supuesto, malestar en toda la opinión pública española esperanzada en que el fin de ETA sea posible después de casi 50 años de trágica andadura. Cuando hace nueve meses se conoció el comunicado de ETA declarando la tregua permanente, se tiene constancia de que hubo presos de la organización, los que tenían más de la mitad de la pena cumplida, que soñaron con cenar en casa en Nochevieja. Desde ayer saben que lo tienen muy difícil para cenar en casa incluso la Nochevieja del año próximo. Es la tercera vez que ETA durante la democracia rompe una tregua y pone el contador de la negociación a cero. No es descartable que sólo pretendiera dar un aviso para forzar la máquina en la mesa de diálogo y alcanzar concesiones que todo indica que se le están negando. De ahí el afán de personajes como Arnaldo Otegi en subrayar que para ellos, a pesar del bombazo en el aeropuerto de Madrid, el proceso no está roto. El Gobierno vasco, a través de su portavoz, quiere creer que tampoco y los sectores más proclives a negociar el final en el otro lado de la mesa aún albergan esa esperanza. Pero lo innegable es que la marea de decepción inundó desde ayer por la mañana la sociedad española, a pesar de que había indicios de que algo así sucediera. Recuerden que en esta misma crónica citá-bamos a Gaspar Llamazares cuando se refería a su temor de que ETA reapareciera antes de concluir las fiestas navideñas. «Para nosotros, la declaración de tregua indefinida fue como si nos hubiera tocado la lotería y en cambio ahora esto se oscurece», declara a este periódico un destacado periodista de la televisión vasca. Diferencias en la banda Hay realmente cabos sueltos muy importantes. Si es cierto que Josu Ternera participó hace unos días en una reunión con representantes del Gobierno español y anunció que la tregua iba a mantenerse, se podría deducir que la discrepancia en el seno de la dirección de ETA es tan profunda y ruidosa como la que expresa la bomba del aeropuerto de Madrid. Hay motivos para entender esa discrepancia. Patxi Zabaleta, ex miembro de la mesa nacional de Herri Batasuna, declara a este periódico: «No he tratado mucho a Josu Ternera, pero sí lo suficiente para saber que ve las cosas de modo distinto porque ha vivido aquí, al otro lado, fuera de la reclusión en la que se encuentran otros miembros de la dirección de ETA en la clandestinidad». Otra incógnita es saber si el Gobierno se esperaba o no una acción de esta naturaleza. Es inútil preguntar a algunos ministros por qué están absolutamente al margen del proceso, pero sí se puede afirmar que el presidente Zapatero convocó el jueves pasado una cena de forma improvisada a la que asistieron la vicepresidenta Fernández de la Vega; el ministro del Interior, Pérez Rubalcaba, y el número dos del PSOE, José Blanco. Todos ellos tenían otros compromisos para esa noche que debieron anular a primera hora de la tarde y lo justificaron por la llamada presidencial. Lo que está fuera de toda duda es que Zapatero lleva este asunto de forma muy personal, hasta el punto de que se desconoce quién es su hombre de confianza para la negociación, equivalente a lo que fue Javier Zarzalejos para Aznar, Rafael Vera para Feli-pe González, o antes Rosón para Calvo Sotelo y Suárez.

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