Barcelona, capital «okupa»
La protesta encabezada por los Hijos de don Quijote quedó frustrada este fin de semana, pero sacó a la luz los graves problemas de falta de vivienda y de los sin techo en la ciudad

Agentes de policía durante uno de los últimamente habituales desalojos de okupas en Barcelona
Barcelona se ha convertido en los últimos años en la capital del movimiento okupa en España. Según diversas fuentes municipales y policiales de la ciudad condal, más de un millar de okupas, la mayoría jóvenes entre 20 y 30 años, controlan unas 300 casas, edificios, locales y viejas naves industriales abandonadas en la capital catalana. La mayor parte de las casas ocupadas están situadas en los distritos de Gracia, Sants-Montjuïc, Sant Martí y Horta Guinardó, y en menor medida en la parte vieja de la Ciudad Condal. A lo largo del año 2006, la Policía llevó a cabo un total de 113 desalojos de casas ocupadas y desde entonces la Guardia Urbana hace un seguimiento muy riguroso de los 20 edificios que acumulan el mayor número de quejas y conflictos con los vecinos. Según el Ayuntamiento de Barcelona, buena parte de los espacios ocupados son utilizados como sedes para asambleas, conciertos y fiestas que «hacen más difícil la convivencia con el entorno», explica la Policía. Acoso policial y judicial Según los Mossos d¿Esquadra y la Guardia Urbana, el acoso policial y judicial ha hecho mella en el movimiento okupa, ya que se está reduciendo el número de casas habitadas por este colectivo, pero no ha impedido que siga aumentando el número de activistas. Hay más okupas ahora que hace cinco años y no todos son españoles, sino que una minoría procede de países europeos como Italia y Francia, pero también de Argentina. Una parte importante de los okupas no se define claramente desde el punto de vista ideológico y político; suelen ser con frecuencia jóvenes de clase media, sin problemas económicos y sociales graves, «que expresan su descontento y su malestar ocupando casas, pero sabiendo que ahí estarán sus padres cuando los necesiten», apunta un sociólogo. Pero los más concienciados y radicalizados simpatizan con posturas anarquistas y con los objetivos que defiende el movimiento altermundialista. Algunos colectivos de okupas se sitúan también en el independentismo radical y chocan a menudo con los que son de tendencia libertaria. La Policía calcula que sólo una minoría, entre 200 y 250 jóvenes okupas, utiliza la violencia con frecuencia, aprovechando la celebración de manifestaciones y actos similares y las fiestas populares. La mayoría de estos actos violentos consisten en atacar a las fuerzas de seguridad, quemar contenedores de basura o cajeros automáticos, volcar coches y montar barricadas, lo que ha acabado con la paciencia de muchos vecinos, que hace unos años veían con cierta simpatía las reivindicaciones okupas.