El PSOE cree que el nombramiento es un golpe de autoridad de Zapatero
José Luis Rodríguez Zapatero ha dado un «golpe de autoridad» con el nombramiento de Mariano Fernández Bermejo como nuevo ministro de Justicia. Así lo ven en La Moncloa y en el PSOE. El sustituto de Juan Fernando López Aguilar es acreedor de un perfil político «progresista y combativo», muy diferente al mostrado durante estos tres años de legislatura por el ya candidato socialista a la presidencia de Canarias. De ahí que fuentes del Gobierno admitan que, con su designación, Rodríguez Zapatero ha lanzado una «señal» al principal partido de la oposición y al mundo de la judicatura. El malestar de los socialistas con la actuación de jueces afines al Partido Popular o con los dictámenes del Consejo General de Poder Judicial -que desde su mayoría conservadora impulsó informes no preceptivos sobre iniciativas legislativas como la del matrimonio homosexual- ha sido siempre un clamor. Muchos creen que han utilizado sus cargos para crear «dificultades» a Rodríguez Zapatero, y por ende al partido, en asuntos tan delicados como el proceso de paz. Y no son pocos los que echaban en cara al ministro que no adoptara una actitud más «comprometida». De Fernández de la Vega A López Aguilar se le ha achacado en las filas socialistas, precisamente, que haya dado poco la cara ante asuntos espinosos como los relacionados con la política antiterrorista y que se haya parapetado tras el carácter aparentemente técnico de su cargo. El perfil de Bermejo es más similar, en cambio, al de la propia vicepresidenta primera. Fue ella, de hecho, quien según fuentes socialistas sugirió su nombre a Zapatero. La número dos del Gobierno tiene, no en vano, una idea distinta a la del ministro saliente sobre cómo se debe controlar el mundo de la judicatura. En el PSOE muchos recuerdan su paso por el superministerio de Justicia e Interior conducido por Juan Alberto Belloch, en el que ocupó la secretaria de Estado de Justicia entre los convulsos 1994 y 1996 (en pleno apogeo de los juicios del Gal, Mariano Rubio o el caso Roldán). «Evidentemente -apuntan en La Moncloa-, Bermejo es claramente progresista; pero es que éste es un Gobierno progresista».