Dicen que no estuvieron en Leganés, pero no explican por qué sus huellas estaban en el piso
Ghalyoun y Bouchar proclaman su inocencia pese a los datos del ADN
Cúmulo de contradicciones y de excusas poco consistentes en la sesión de ayer El tribunal pide desc

EFE / TV
Basel Ghalyoun y Abdelmajib Bouchar, dos de los presuntos autores materiales de la matanza del 11-M, probaron ayer diferentes estrategias con las que intentar convencer de su inocencia al tribunal que les juzga, pero tropezaron con las pruebas acumuladas por la policía durante casi tres años de investigaciones -huellas dactilares, muestras de ADN o llamadas telefónicas - que les sitúan en el núcleo duro del grupo terrorista. Los procesados en el juicio no lograron refutarlos, por más excusas y explicaciones con que esquivaron las preguntas de la fiscal Olga Sánchez y de las acusaciones. Sin embargo, no dejaron en ningún momento de proclamar su inocencia, renegaron de las organizaciones terroristas islamistas y condenaron de forma enérgica los atentados de Madrid. Los presuntos terroristas Bouchar y Ghalyoun, junto a Jamal Zougam, cuyo interrogatorio concluyó ayer, son los únicos acusados de colocar las mochilas-bomba en los trenes de cercanías que se sientan en el banquillo. Refugio en casa Ghalyoun admitió que uno de los autores de la matanza se refugió en su casa horas después de perpetrar los atentados, «pero yo no le invité»; reconoció haber estado en las reuniones de la célula; señaló que el Tunecino, el jefe del grupo, su amigo, le confesó que quería atentar en España en venganza por la implicación en Irak -«pero sólo pretendía robar joyerías o bancos»-, y reconoció conocer a un promotor de la matanza (el Egipcio), a cuatro de los suicidas (el tunecino, los hermanos Orlad y Rifaat), a tres miembros de la célula (Almallah, el Morabit y ben Sellam) y a uno de los creadores del grupo y condenado por la matanza de Casablanca (Maymouni). Pese a todo, afir-mó no haber participado en los atentados, no ser un yihadista y desconocer los planes. Ghalyoun dijo desconocer cómo un gorro de rezo con su ADN y un libro con sus huellas acabó en la casa de Leganés; repudió una confesión manuscrita de yihadismo requisada en su casa y validada por un calígrafo, e insistió en que la superviviente que le situó en el tren que estalló en la calle Téllez no fue capaz de reconocerle ante el juez, sin admitir que en la rueda de reconocimiento estaba desfigurado porque se había rapado el pelo y había engordado muchísimos kilos. Por su parte, el otro procesado, Bouchar, que está considerado por la fiscal como uno de los hombres de confianza del jefe militar de Al Qaida en Europa, Youssef Belhadj, negó haber estado con él en Bélgica en diciembre del 2003, pero luego reconoció que sí estuvo. Negó haber estado en el tren que estalló en la calle de Téllez, aseguró no conocer las casas de Chinchón y Leganés, dijo que no fue él quien huyó del cerco policial, no se explica lo de la maquinilla de afeitar y, como única coartada, comentó que en el momento de los atentados estaba en el bar El Candil de Fuenlabrada.