El presidente del tribunal amonesta a las víctimas
«Señoras, vuelvan inmediatamente a sus sitios». El presidente del tribunal que juzga el 11-M acababa de decretar el primer receso de la mañana y, como ya ocurrió en las primeras dos sesiones del juicio del 11-M, tres integrantes de la asociación que preside Pilar Manjón se dirigieron con rapidez hacia la «pecera» de seguridad para encararse con los principales acusados por la masacre. Al contrario que entonces, Javier Gómez Bermúdez se apresuró a evitar un nuevo enfrentamiento entre los afectados y sus supuestos verdugos. «Las fuerzas de Seguridad impedirán que esto se vuelva a repetir», les advirtió. Una de las mayores preocupaciones del presidente durante este juicio es que todo transcurra sin dilaciones y, en la medida de lo posible, sin incidentes. El problema es que las víctimas, una vez superado el respeto que produce pisar por primera vez un juicio, cada vez reprimen con más dificultad sus emociones. La tensión va en aumento y Gómez Bermúdez quiere ponerle coto antes de que se produzcan males mayores. «Yo les comprendo, pero a partir de ahora no se levanten ni se acerquen a los procesados», les exigió. El ambiente no sólo se enrarece por momentos por el obligado roce entre damnificados y acusados, sino también entre las propias víctimas. Una de las tres mujeres a las que el presidente obligó a retirarse de la «pecera» es la brasileña Adeniria Moreira. En el camino, pasó junto a los banquillos de la asociación minoritaria de víctimas, la subvencionada por la Comunidad de Madrid. Allí se encontraba una marroquí que perdió a su hija en los atentados y cuyo marido fue imputado por la masacre. Las dos mujeres se insultaron y el enfrentamiento continuó a la salida de la sala. Moreira explicó después que la marroquí fue expulsada de su organización cuando se supo que su marido estaba imputado por los atentados.