Cereales, bellotas y bueyes eran el sustento de los «mineros» astures
Las excavaciones de las coronas de Quintanilla y de Huerña están incompletas pero aportaron importantes datos de la forma de vida de sus habitantes. Según Domergue, la ocupación de la Corona de Quintanilla no duró más de sesenta años y sus moradores tenían una vida bastante pobre. Los molinos de mano hallados (alguno todavía queda en el castro) demuestran que los cereales «desempeñaban un papel capital en la alimentación de los vecinos». Pero seguramente fueron transportados desde el valle del Duerna, ya que en la zona no había terrenos de cultivo. Además, los frutos de los robles, las bellotas, aportaban cuotas destacadas a la dieta de aquellos pobladores. Según Estrabón, los astures secaban, machacaban y molían las glandes de los robles y con la harina hacían un pan que se conservaba bastante tiempo. Domergue sacó a la luz casas en tres barrios y una aislada, todas ellas compuestas de una sola habitación. La escasez de cerámica y de vidrios de importación es otra pista que hace descartar que la Corona de Quintanilla fuera ocupada por soldados romanos. Pese a su forma castreña, propia de los poblados indígenas astures, la corona no tenía una funsión defensiva. Estaba relacionada con la infraestructura hidráulica de las obras de minería del oro; la incógnita es «¿cuál era su papel preciso?», señala Domergue.