Desde América, por Italia, de parte de un hermano de Jimmy Carter

Carlos Mendaña en sus hileras locales de abono ecológico
La introducción de la lombriz roja americana como fuente de fabricación de abono orgánico en una cría intensiva data de apenas tres décadas y los ecologistas apuestan por ella como un fertilizante revolucionario. La lombricultura se ha convertido ya en una actividad complementaria a las explotaciones agrícolas altamente rentable en Estados Unidos, Francia e Italia, llegando hasta Japón, donde, según las revistas especializadas, la «lombricomanía» ha llevado al gobierno a crear nada menos que un instituto oficial de investigación de la lombriz. El origen del negocio, sin embargo, es más sencillo y consistió en crear una especie híbrida, conseguida por Hug Carter, hermano del que fuera presidente de Estados Unidos, también en la década de los ochenta, Jimmy Carter, única que puede cultivarse en criaderos industriales. Según las mismas publicaciones, sólo esta especie ha podido ser «domesticada» y acostumbrada a vivir en un habitat preparado. En cuanto a su explotación a escala industrial la teoría parece, de acuerdo con los expertos, poco menos que el cuento de la lechera y de la abundancia. «Un par de lombrices en condiciones óptimas de reproducción serían capaces de proporcionar 1.500 pequeñas lombrices al cabo de un año, alimendándose de residuos orgánicos o para transpormarlo en humus, que es el fertilizante final. Para tener una idea aproximada de estas auténticas fábricas de abono natural baste decir que 100.000 lombrices comen una tonelada de residuos al año, produciendo media de humus en una superficie de sólo dos metros cuadrados. La lombriz roja de California puede vivir unos dieciseis años y su producción recolectarse a finales de cada verano». Se añade que las posibilidades de crecimiento de las factorías de vernicultura son ilimitadas, incluso para usos diferentes a los actuales: reutilización de lodos de estaciones depuradoras de aguas residuales, basura orgániza en los vertederos, etcétera, «para obtener harinas a base de proteinas para la alimentación animal o la fabricación de aminoácidos para la industria farmaceútica, todo ello de forma barata».