Diario de León

La madrugada más negra sembró de luto Palencia

Una explosión brutal despertó a todos los vecinos del centro de la ciudad. Eran las 5.45 horas. Un intenso humo ocupaba el vacío dejado por un edificio convertido en escombros

El día aún no había amanecido cuando comenzó el rescate

El día aún no había amanecido cuando comenzó el rescate

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agencias | palencia
León

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«El edificio se ha venido abajo entero como si fuera un terremoto y la explosión ha sido brutal» Testimonio de una vecina de un inmueble colindante Con el silencio sepulcral de la madrugada como único eco, sin avisar y en día festivo, con muy pocas personas ausentes de sus domicilios, pese al puente del 1º de Mayo, en la cama y con lo puesto. Así sorprendió ayer a varias decenas de vecinos una explosión, según las primeras investigaciones debido a un embolsamiento de gas, que provocó el derrumbe total de un edificio de cinco plantas y diez viviendas en el número 4 de la céntrica calle Gaspar Arroyo de Palencia. La fuerte deflagración, entre un auténtico caos que no dejó indiferente a nadie, dañó seriamente los cimientos, terrazas y ventanas de varios bloques de viviendas colindantes de los años 60, apenas sin vigas, en un radio de 200 metros. Las personas residentes en tres portales, entre el estupor, la incertidumbre, el humo y las llamas bajaron a la calle sin pensárselo ante la previsión de lo peor, con atuendos tan impropios, en una madrugada gélida, como ropa interior, pijama y a lo sumo alguna bata y mantas. La explosión hizo temblar incluso a la Catedral, a escasos 40 metros del suceso, y en las dependencias del convento de las Hermanas de los Ancianos Desamparados, a tan sólo 20 metros del edificio siniestrado, algunas religiosas estaban ya levantadas a las fatídicas 5.45 horas. Los vecinos desalojados de los inmuebles colindantes al lugar de la explosión -cerca de dos centenares- no daban crédito a lo ocurrido a escasos metros de sus viviendas. Una joven apenas podía articular palabra. «El edificio afectado se ha venido abajo entero como si fuera un terremoto y la explosión ha sido brutal», comentaba en medio de la consternación y la confusión en plena madrugada. «No podemos saber la gente que hay debajo de los escombros pero imaginamos que hay mucha», se lamentó. El desplome del inmueble se hizo más evidente a medida que los bomberos iban sofocando las llamas procedentes de la explosión. Una mujer, vecina del edificio contiguo, respiraba con dificultad: «Sólo hay humo y cristales rotos por todas partes. Conocemos desde hace más de 20 años a todas las personas que residen en los pisos que se han derrumbado y nosotros, al menos, estamos vivos». Tras el ruido de las sirenas procedentes de varias ambulancias, coches policiales, helicópteros y el acordonamiento de la zona siniestrada, se sucedió una calma tensa. Un agente policial solicita megáfono en mano silencio al menos durante cinco minutos para escuchar las voces de posibles atrapados. Sólo se oyen los ladridos de los perros de rescate. Queda por delante un día muy largo.

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