Diario de León

Vicario Setién fue absuelto hace un año en otro caso al no presentar el fiscal la evidencia

Una prueba de ADN inculpa a un etarra por el secuestro de Delclaux

El empresario vizcaíno permaneció retenido por la banda 232 días entre 1995 y 1996

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efe | madrid

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La Fiscalía aportó ayer al juicio por el secuestro del abogado y empresario Cosme Delclaux una prueba de ADN que demostraría la presencia del acusado Gregorio Vicario Setién en el zulo en el que éste estuvo retenido después de haberlo estado el industrial José María Aldaya. Esta misma prueba no fue aportada el pasado año por ninguna de las acusaciones -Fiscalía y Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT)- en el juicio por el cautiverio de Aldaya, a pesar de que ya disponían de ella, lo que llevó al tribunal que juzgó esos hechos a absolver a Vicario Setién por el secuestro del industrial. En el juicio celebrado ayer en la Audiencia Nacional y que quedó visto para sentencia, Vicario Setién primero se negó a declarar para después manifestar en euskera, en el turno de la última palabra, «soy miembro de ETA y estoy orgulloso de serlo», aunque la intérprete, que ya protagonizó una anécdota al inicio de la vista cuando le dijo en inglés «excuse me», al no entenderle, lo tradujo como «no quiere decir nada». Junto a Vicario Setién también fue juzgado el presunto etarra Josu Mondragón Fernández, quien aseguró que no tenía nada que ver con el secuestro del empresario, hechos por los que ambos se enfrentan a una petición de 18 años de cárcel y al pago de una indemnización a la víctima del secuestro, que el fiscal elevó de 120.000 a 250.000 euros, al elevar sus conclusiones provisionales a definitivas. Tras los acusados declaró el hermano de Cosme Delclaux, Álvaro, quien ratificó que la banda terrorista reclamó en una carta, en la que adjuntaba una bala, 1.500 millones de pesetas de rescate y que su padre hizo tres pagos a ETA: dos de 500 millones y uno de 100. Añadió que tras esos pagos, la banda volvió a pedir a su familia 400 millones de pesetas «por intereses», cantidad que ha vuelto a reclamar por carta, «la última hace dos o tres años», indicó. El secuestro Posteriormente, el empresario, que permaneció 232 días recluido -desde el 11 de noviembre de 1996 hasta el 1 de julio de 1997-, hizo un pormenorizado relato de cómo fue secuestrado y del cautiverio, del que, dijo, «lo peor» fue que sus captores le anunciaran en tres o cuatro ocasiones que le iban a liberar y después no lo hicieran. Explicó que al salir de su trabajo y cuando se dirigía a coger su vehículo vio a dos personas bien vestidas y «con corbata», por lo que no sospechó de ellos. Luego, se encontró con uno de ellos de frente que, tras apuntarle con una pistola, le introdujo en su coche, que condujo «la otra persona» que «era más alto que el otro», lo que podía interpretarse como que se trataba de Josu Mondragón, de mayor altura que Vicario. Después, continuó, le metieron en el maletero de otro coche. «Me empaquetaron», destacó Delclaux, al señalar que le pusieron «todo tipo de vendas, cascos, tapones para los oídos, capuchas» y, acto seguido, le suministraron una inyección para sedarle. Del coche llegó al zulo donde le metieron de 90 centímetros de ancho por tres metros de largo y 1,84 metros de altura en el que estuvo retenido y que, después se descubrió, que se encontraba en una nave de un polígono industrial de Irún (Guipúzcoa).

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