«Mariano juega en casa»
El paseo del líder del PP para apoyar las candidaturas de Amilivia y Herrera se adornó con equilibrio de gestos, comunión en las manifestaciones y apoyo popular

El líder del PP dispuso de una audiencia entregada, que jaleó las promesas de apoyo a León con motivo de su llegada a La Moncloa, que vaticinó en cuestión de meses En una concesión a los periodistas que siguen su periplo electoral Rajoy afirmó que, a diferencia de lo que le sucedió a Sarkozy, su mujer sí que le va a votar El tumulto contó con dos focos de atención. Uno, tras Mariano Rajoy; otro de simpatizantes del PP que enviaban recados para el programa de Eva Hache, de Cuatro La fórmula de la rueda de prensa con público y aplausos se repitió ayer en el mismo escenario en el que Rajoy pidió firmas contra el Estatut, en la calle donde jugó de niño Con sus diez años de carnet leonés -«viví en León de los 5 a los 15 años, una época de las más importantes», recordó- se presentó Rajoy en el epicentro de «esa mentira del efecto Zapatero». Plantó micro en el entorno del Palacio de los Guzmanes, donde jugó de pequeño, patentó la rueda de prensa con aplausos -ante un foro en el que se levantaron en voces todos los asistentes menos Gaudí- y se entregó a la ceremonia de la petición del voto, entre vítores de «presidente, presidente», besos pa' todos y patadas para acercarse a los líderes en busca de la foto de recuerdo del día en que el líder de la oposición esbozó su proyecto de reconquista del poder. Fuera del arco de alabanzas, se esforzó por encontrar el envés del acto Marta Nebot. La reportera de Noche Hache escuchó a primera hora, frente del Hostal de San Marcos, cómo un paisano le hacía una confidencia: «Dicen que se rompe España, se rompe por él», afirmaba bien bizarro el ciudadano leonés en referencia a Rajoy, a quien aprovechó para gritárselo no bien salió el líder del PP por la puerta del palacio en el que penó Quevedo y después más gente. No entró bien el saludo y Rajoy se fue en coche hasta Botines, donde le esperaba casi un millar de personas. Desde el desembarco en la plaza de Santo Domingo hasta la partida a la sombra de la Catedral, el dirigente popular derrochó golpes de mejilla, sonrisas mediadas y enteras, palmadas de «qué tal te va», abrazos de «me alegro de verte» y gestos con niños, adolescentes, jóvenes, maduros, mayores y hasta una pareja de monjas. «Son de clausura», advertía uno de los integrantes de la comitiva popular. «Sí y han salido porque es el día de San Isidro y no llueve», respondía pegado a la pared del Palacio de los Guzmanes un jubilado, divertido por el grupo que se encauzaba calle Ancha arriba, donde Herrera, ante la petición de un beso bromeaba con una señora: «Que me va a ver mi novia». El candidato del PP a la Junta fue objeto de los dardos de Marta Nebot en pleno recorrido. «¿Es la mayoría su estado natural?», preguntó. «No, mi estado natural es estar en León, la mayoría responde a la decisión de los ciudadanos», esquivó Herrera, mientras la reportera hacía lo propio con una señora que la perseguía con un recado para su jefa: «Dile a Eva Hache que España está rota, díselo», repetía y repetía, para volvérselo a decir un poco más adelante al cámara, que escondía detrás del flequillo una mirada de «a mí qué me dice». Por entonces, la mitad de los dirigentes populares que habían acudido a rendir pleitesía al jefe en Botines buscaban el resguardo de los vinos, mientras otros tantos guardaban escolta para hacer méritos. En procesión, con las filas bien prietas, los nuevos integrantes de la lista del PP en la capital revoloteaban alrededor del quinteto que dirigía la partitura: Rajoy, Herrera, Amilivia, Carrasco y Morano, mientras por la sombra, que pasaba ya de mediodía y atizaba el lorenzo, seguía vigilante el vallisoletano portavoz de los populares en las Cortes, José Antonio de Santiago-Juárez, a quien se empiezan a hacer reverencias cada vez en foros más amplios de la formación, vestido de sport entre la marea de trajes azul marino, negros y grises. Rajoy gravitaba todavía por la peatonalización de la calle Ancha. «¡Qué guapo es! Es más guapo que Zapatero», concedía una de las simpatizantes. «Y más inteligente», completaba el dictamen el aludido, a quien unas le mesaron las barbas y otras incluso le peinaron la coronilla, que se le había levantado con tanto contacto y los vítores de «hay que machacarlos». La caminata dio sed y la comitiva abrevó en uno de los bares del entorno de la plaza de Regla. Incansable, Marta Nebot se aprestaba a hacer la entradilla con la Catedral de fondo. «Rajoy visita León para apoyar a Mario Amilivia, candidato a la Alcaldía, conocido por su gasto en gomina, y a Juan Vicente Herrera, presidente de la comunidad en la que gobierna el PP con mayoría desde hace varias legislaturas. Así que se puede decir que parece que Mariano juega en casa», ensayaba, con un joven molesto al lado por la mención al uso de los productos de peinado del alcalde. Cuando la reportera de Cuatro le preguntaba a Juan Morano por el proyecto de Las Navas del Marqués y el diputado se salía con un «yo estoy en León y de lo que pasa en Ávila no me entero», uno de los escoltas de Rajoy ya se subía al coche como si fuera Murdoc en un capítulo del Equipo A y todos decían adiós con la mano. «Muy bien, la mañana preciosa», dictaminaba Herrera, a quien le quedaba tiempo para una foto con Nuevas Generaciones. «Jóvenes de primera», sonreía una de las integrantes del cuadro. «¡Qué guapo es! Es más guapo que Zapatero», animó una señora. «Y más inteligente», complementó Rajoy A Herrera le exigieron que desterrara cualquier concesión: «Hay que machacarlos», le animaron a pie de calle Los líderes del PP derrocharon gestos a lo largo del todo el recorrido: besos, sonrisas y fotos a granel