Todos los alcaldes congelaron las tarifas para no perder sus clientelas electorales

Obras de construcción en La Lastra, el polígono residencial de más futuro en la ciudad
Todos los alcaldes de los pequeños municipios del alfoz de León coindicen al destacar las ventajas fiscales de vivir en sus pueblos con unos servicios prácticamente idénticos a los de la capital. Sus censos poblacionales crecen tanto por el menor coste de la vivienda, que incluso en los barrios más periféricos se ha disparado por falta de suelo urbanizable, como por los posteriores costes de constribuciones urbanas, de circulación de vehículos o de agua o basura, los más básicos. A mayores ofertan una calidad de vida que la moda mide en espacios verdes o, por lo menos, abiertos y una proximidad a la ciudad que las propias promotoras de viviendas se encargan de pregonar en sus páginas de públicidad: rara es la que no se anuncia con un «a cinco minutos» o «a cinco kilómetros» del centro, da igual en cualquiera de los puntos cardinales del mapa. Según fuentes municipales de Villaquilambre, los impuestos en su demarcación están congelados desde 1998 «sin aplicarles ni siquiera el IPC, salvo para las tasas de agua y recogida de basuras y, en cuanto al IBI, no se ha vuelto a tocar desde que se revisaron los valores catastrales en 1998». En Sariegos el alcalde Ismael Lorenzana dice lo mismo. «En aras a favorecer los intereses de los ciudadanos tomamos la decisión al principio de la anterior legislatura de congelar los principales tributos municipales». Tributos como el de vehículos, el IBI o el agua no han variados sus porcentajes, todos ellos próximos al mínimo legal, aunque sí es verdad que el de bienes inmuebles ha sufrido incrementos debido a una revisión del catastro en el 2004». El alcalde de Santovenia de la Valdoncina, Francisco González, con apenas tres mil habitantes, también ha congelado los impuestos vecinales, aunque deja abierta la caja recaudadora a las industrias instaladas en los polígonos de Villacedré y de la segunda fase del de León, que son la gran hucha de la hacienda municipal. Las industrias son las primeras contribuyentes al presupuesto anual y, de paso, el polo de atracción para incrementar el censo de vecinos y atraer inversiones residenciales. También para ellas lo que se les grava es inferior a lo que tienen que pagar las ubicadas en la capital, apenas a un par de kilómetros de distancia. O a tiro de piedra, pero no de impuestos.