La traición no sale tan cara
España prevé penas de doce años de cárcel; los estadounidenses Aldrich y Hanssen fueron sentenciados a cadena perpetua
La traición en España no sale tan cara. El suboficial Roberto Flórez García, detenido el pasado lunes por el Centro Nacional de Inteligencia por realizar servicios de espionaje para otro país, es acusado de un «delito de traición». El Código Penal establece, en el artículo 584, una pena de prisión de seis a doce años para todo aquel que, «con el propósito de favorecer a una potencia extranjera, asociación u organización internacional, se procure, falsee, inutilice o revele información clasificada como reservada o secreta». Un castigo que contrasta con el de otros topos representativos de la historia reciente, como los ex agentes estadounidenses, Aldrich Ames y Robert Hanssen, que fueron condenados a cadena perpetua en 1994 y 2002, respectivamente, por revelar información secreta a Rusia. El caso del suboficial Roberto Flórez García es el primero de estas características que se produce en el seno de los servicios de inteligencia españoles. No obstante, el director del CNI, Alberto Saiz, recordó este martes en una rueda de prensa «las actividades de Ames (CIA) y Hanssen (FBI), quienes trabajaron durante años al servicio de Moscú». Precisó que estos casos habían quedado acuñados en la Historia como «los más emblemáticos» y que eran «objeto de estudio en las escuelas de contrainteligencia». Aldrich Ames trabajó durante 30 años en el Servicio Central de Información (CIA). Fue acusado de haber actuado como espía desde 1985, primero para el antiguo servicio de información soviético, KGB y, después, para el de Rusia (FSB). Se le culpó de revelar al menos una docena de nombres de agentes estadounidenses y británicos infiltrados en grupos de espionaje enemigos, diez de los cuales fueron detenidos y algunos de ellos fusilados. Según la CIA, Ames pasaba información confidencial a cambio de recibir 2,7 millones de dólares. Una parte del dinero lo depositaba en cuentas bancarias fuera de Estados Unidos. Una vez descubierto, el agente llegó a un acuerdo con las autoridades americanas para salvar a su esposa, la colombiana María Rosario Casas, que había sido condenada a cinco años de cárcel, a la que absolvieron a cambio de que su marido cumpliera cadena perpetua. El último suceso de este tipo lo protagonizó, en mayo de 2002, Robert Hanssen, ex agente de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI). Fue acusado de trabajar durante 20 años para el KGB soviético y su homólogo ruso, FSB.