Después de tres años de instrucción y cinco meses de juicio
Abogados del 11-M repasan su labor a la espera de la sentencia
Boyé, de la acusación, y Alberca, de la defensa, acercan su experiencia sobre el atentado
En un juicio normal, se hubieran sentado uno frente al otro. Pero las descomunales dimensiones de un proceso como el del 11-M les obligó a compartir bancada. Antonio Alberca defendió al histriónico y conflictivo Rafá Zouhier, y se apoyó para ello en la polémica «teoría de la conspiración». Gonzalo Boyé acusó en nombre de una mujer y su hija que perdieron al cabeza de familia en el atentado a los trenes. Vivieron la misma vista oral desde lados opuestos de la barrera. Hoy, a la espera de la sentencia, reflexionan sobre su intervención en el mayor atentado terrorista de la historia europea. La defensa de Alberca «Desmotiva llevar asuntos pequeños después del juicio del 11-M» Asumió la defensa del «confite» Zouhier a los pocos días del atentado. Tres años con dedicación casi plena han estrechado su relación con el mediático procesado hasta convertirla en «amistad». La vuelta al despacho ha sido dura. - Casi tres años de instrucción y cinco meses de juicio por el 11-M. ¿Cómo ha sido la vuelta a la vida normal? -Muy dura. Desmotiva llevar asuntos pequeñitos, llegar a un juzgado y ser un abogado normal después de haber estado en el mayor juicio de los últimos años. El otro día nos reunimos las defensas y lo comentamos. -Asumir la defensa de uno de los acusados del 11-M no debe resultar nada fácil. - No tuve ninguna duda. Llevo muy a pecho que mi función, como abogado del turno de oficio, es asistir a todas las personas que requieren una defensa. No toda la gente que detiene la Policía es culpable. -Esa línea de defensa ha llevado a Rafá a los calabozos en siete ocasiones durante el juicio. -El tribunal había recibido señales equivocadas y le tenía un poco enfilado. Rafá es el chico travieso de la clase, un poco bocazas y graciosillo, pero no conflictivo. -¿Nunca le aconsejó moderación? -Un abogado no puede convertirse en el ventrílocuo de su cliente. Además, a alguno de los abogados también nos habrían tenido que mandar al calabozo en alguna ocasión. -¿Cómo es su relación? -¡Ha llegado un momento en que ya no sé si es mi amigo! Son tres años visitándole cada semana en las cuatro cárceles en que ha estado. A lo mejor pierdo la perspectiva un poco, pero creo que se ha convertido en el personaje más querido del juicio. La acusación de Boyé «Haberte sentado en el banquillo te obliga a ser muy serio al acusar». Es el único acusador que sabe lo que se siente en el banquillo. Como miembro del MIR chileno, Gonzalo Boyé colaboró con ETA en el secuestro del empresario Emiliano Revilla en 1989. Fue capturado, juzgado y cumplió condena. En la cárcel, estudió Derecho y, una vez saldadas las cuentas con la justicia, se ha convertido en uno de los abogados más destacados del juicio. -¿Haber estado en el banquillo acerca a los acusados? -No, lo que sí me obliga es a ser muy serio y ponderado. Nunca voy a acusar a una persona sin estar seguro de lo que estoy haciendo. -¿Qué sintió al ver que usaban su pasado en su contra? -Mi pasado está ahí, en las hemerotecas y en Internet, no podía esperar que no lo sacasen. Lo importante es que, si el ataque es personal, quiere decir que el trabajo está bien hecho. -Cuál fue su mejor momento del juicio? -Cuando el juez dijo el visto para sentencia: trabajo concluido. -¿Y el peor? -El más patético fue cuando el ex director de la Policía, Agustín Díaz de Mera, vino a engañarnos y a entorpecer la acción de la Justicia.