| Crónica | Un barómetro del comportamiento |
Carné por puntos para convivir
El instituto de enseñanza secundaria de León «Claudio Sánchez Albornoz» implanta un carné por puntos que premia a quienes respetan las normas y excluye de privilegios a quienes las infringen

El equipo de ayudantes de mediación del Claudio Sánchez Albornoz con el jefe de estudios
La mediación es una herramienta para mejorar la convivencia, pero no la única. En el instituto Claudio Sánchez-Albornoz de León, centro que ocupa las antiguas aulas de la escuela de Magisterio, la Normal , empezaron el curso pasado con la implantación de algunas medidas novedosas para mejorar el clima escolar. Y comenzaron por lo obligado: revisar y reelaborar el reglamento de régimen interior. Para ello, recabaron la colaboración de una decena de alumnas y alumnos que, durante los recreos de los lunes y en algunas horas de tutorías, se reunieron con el coordinador de convivencia. También realizaron un diagnóstico de la convivencia y llegó a la conclusión de que había conflictos a veces desconocidos por el profesorado. Se hizo especial hincapié en el primer ciclo de la ESO para detectar posibles casos de maltrato. Paralelamente, se puso en marcha un programa de habilidades sociales con alumnado de primero y tercero de la ESO y en algunas aulas hubo estudiantes que ayudaron a compañeros y compañeras con dificultades de aprendizaje e integración. Crearon de manera incipiente lo que los expertos llaman «círculos de convivencia». El instituto abrió un buzón de convivencia y al mismo tiempo se hizo un test de hábitos de estudio y actividades por la tarde y se implicó a las familias con un compromiso escrito para fomentar la convivencia de sus hijos e hijas. También se estrenó una medida aceptada a regañadientes por alumnos y alumnas: la agenda escolar, donde el profesorado sella en negro y rojo la indisciplina y el incumplimiento de tareas y las familias tienen que confirmar que conocen la situación mediante su firma. Así se evitan las «sorpresas» de final de curso y se consigue que el alumnado sea más responsable con sus tareas y su comportamiento en clase. La agenda escolar se implantó en el primer ciclo de la ESO pero, dada su utilidad, una parte del profesorado ha decidido mantenerla también en el segundo ciclo. Es una forma de «ayudarles a regular y autocontrol sobre el hábito de estudio y de comunicación con las familias, tanto para facilitarles el seguimiento de su hijo o hia, como para solicitar su ayuda en el control del aprendizaje», matiza el jefe de estudios. Para los casos en que el alumnado se «olvida» la agenda se han ideado unas hojas supletorias. Pero, sin duda, la acción más llamativa de las llevadas a cabo en el instituto para mejorar la convivencia es el carné de convivencia por puntos. «Existe en algunos otros centros, pero con carácter sancionador; nosotros lo intentamos plantear de manera positiva: quien conserve los 12 puntos o un mínimo de puntos tendrá acceso a determinados premios o privilegios que no se permitirán a quien pierda más puntos de los establecidos», explica el jefe de estudios, Javier García Calzada. El curso pasado los premios fueron una jornada de convivencia en La Candamia, una fiesta de fin de curso donde se sortearon premios muy golosos para la juventud, como los mp3. Tanto la asistencia a la fiesta, con o sin acompañantes, como el número de papeletas para participar en los sorteos dependían del número de puntos. El sistema permite la recuperación de puntos mediante acuerdos de compromiso con el profesorado puntuales. «Una alumna que quería invitar a su novio a la fiesta y no tenía puntos suficientes, logró recuperarlos suprimiendo sus faltas de asistencia a clase», explica. Los acuerdos de compromiso entre alumnado y profesorado también se han utilizado como medida reeducativa entre quienes tenían amonestaciones por escrito. Además, a final de curso se entregó un certificado de convivencia con la calificación de excelente para quienes mantuvieron doce puntos, muy bueno para los que tenían once y diez, bueno para los que tenían nueve, ocho o siete puntos... y muy malo los que perdieron todos los puntos. Otra de las medidas implantadas en septiembre ha sido la presentación del equipo de ayudantes de mediación al alumnado de primero de la ESO. Está previsto que, a partir de este año, el equipo de mediación visite los colegios de su ámbito geográfico para darse a conocer entre los cursos de sexto de primaria que pasarán al instituto el próximo curso. «Es importante que sean quienes somos y cómo les podemos ayudar porque el primer año es cuando más perdidos se pueden encontrar en el centro», subraya García Calzada, quien destaca que el equipo de mediación es útil para parar peleas, ayudar en situaciones complicados y fomentar la implicación del alumnado en la vida del centro: «No son chivatos, ni buscan culpables», recalca.