Diario de León

Las comunidades de vecinos reducen ya una media de seis horas el servicio diario

Llenar el depósito del bloque es algo que se hace cada vez más de tarde en tarde

Llenar el depósito del bloque es algo que se hace cada vez más de tarde en tarde

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A. Núñez - león
León

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Según el presidente del Colegio Oficial de Administradores de Fincas, Jesús Luque Borge, hasta hace sólo tres años nadie se preocupaba del coste de las calefacciones en las comunidades de vecinos, aunque ahora empieza a haber serias restricciones en el servicio, debido a la subida del gasóleo agravada por la de las hipotecas. Se señala, a título de ejemplo, que lo normal era antes encender las calderas a las 6.00 horas y apagarlas a las 00.00 horas, dejando unicamente un pequeño margen de sueño y descanso para radiadores e inquilinos en el frío invierno de León. «Ahora, por el contrario, lo normal es encenderlas a medio día y, a partir de esa hora, cada cual conecta su contador particular pagando lo que le corresponda y en los bloque que no cuentan con ellos se baja la temperatura del circuito, se dividen los costes entre todos y asunto resuelto. Pero una y otra forma de ahorro es algo generalizado y que se vota, si no por unanimidad, si por mayoría. Digamos que el aprovechamiento energético está al máximo, cuando antes no era una cuestión prioritaria». La presión de las hipotecas no llega todavía al extremo de generar morosidad para los proveedores ni para los propios administradores de fincas, según ironizan éstos últimos, porque se procura que «todo el mundo cobre y nosotros también. ¿Cómo? A base de derramas entre los propietarios, pero los impagos y, menos aún los embargos, son todavía una excepción para casos muy aislados». Lo que si se nota es un afán de ahorro espectacular en las comunidades de vecinos, que van desde la limpieza hasta la luz de la escalera o la pintura de las fachadas. «Todo lo que sean reformas se retrasa». Los problemas para hacer frente a la calefacción corren parejos a las subidas del petroleo y de las hipotecas, con una preocupación que crece, respectivamente, entre proveedores y bancos. Los primeros siguen sirviendo gasóleo y procuran cobrar más o menos al contado y los segundos son inflexibles con las cuotas mensuales, así que entre los dos la cuerda y los salarios de los clientes no hace más que tirar. Que no se haya roto todavía por alguno de los dos cabos es un milagro. El coste del incremento de los carburantes, pequeños o medianos cambios climáticos aparte, recae sobre provincias con calendarios duros, como León. Las 95.000 toneladas de consumo anual para calefacciones suponen, a los nuevos precios, un gasto adicional para los habitantes de la provincia de cerca de seis millones de euros equivalentes a mil millones de las desaparecidas pesetas, sin contar el consumo de automóviles o el de quienes abrigan sus hogares con otros tipos de combustibles, desde las redes del más moderno gas hasta el carbón de toda la vida. En los índices de inflación apenas cuenta o, al menos, no se contabiliza de forma direfenciada respecto a la media del país, incluidas las revisiones salariales. Se empezará a notar ahora.

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