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Defensa del Bierzo

El ministro culminó su visita a León con un tapeo por el Cid, donde confesó que uno de los obsequios oficiales de su ministerio son los caldos bercianos, que ya ha enviado a sus homólogos de la UE

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M. Romero - león
León

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No fue una visita fugaz. Con 20 minutos de retraso sobre el horario previsto, el ministro José Antonio Alonso entró por la puerta del auditorio de San Marcos sin más escenografía que la humana; un acto sobrio, sin música electoral. El lema Con Z de Zapatero ocupa el fondo de la sala. Entre los asistentes, la madre y la mujer del ministro -sus hermanos le esperaban fuera-, el padre y el hermano del presidente del Gobierno y la otra «gran familia» socialista. Dos ministerios difíciles han desarrollado en Alonso un auténtico animal político. Aunque preparado a conciencia, tuvo un discurso fluido y resuelto, en ocasiones puesto a prueba por los problemas del directo, como la sed. «Nos quedamos secos porque tenemos que decir muchas cosas», dijo con soltura cuando tuvo que interrumpir su discurso para beber un vaso de agua. Quizá de tanto repetir la palabra España. Terminó el acto, y hacia las dos de la tarde el ministro salió abrazado por militantes y amigos hacia la plaza de San Marcos, desde donde recorrió andando el centro de la ciudad hasta llegar a la calle Ancha. Levantó expectación: «Es el ministro de Zapatero», comentó una anciana a otra a la salida de una pastelería en Gran Vía de San Marcos. En la plaza de Botines, los turistas desatendieron durante unos segundos las explicaciones del guía para fijarse y cotillear sobre el paso del ministro. «El ministro del Ejército», se oyó. En su paseo hacia un bar de tapeo, se encontró con el sempiterno acordeonista ruso de la calle Ancha, Artyon Eremin Arty , que acompañó la marcha del ministro con el himno de León. Sonaba el estribillo -«Con su sangre a torrentes vertida...»-, pero pocos se percataron. Durante el vino, Alonso confesó a una periodista que todos los ministros de Defensa de la Unión Europea han probado los caldos del Bierzo porque él se los ha regalado en alguna ocasión. Y con vino autóctono brindó antes de compartir mesa con compañeros de partido en un restaurante del centro, del que ya es habitual cliente.

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