Diario de León

El presidente pide la confianza de los españoles para desarrollar y culminar su proyecto

Zapatero convoca las elecciones «más fuerte y motivado que nunca»

Achaca los contactos con ETA después del atentado de la T-4 a la presión de los mediadores Nueve proye

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Paula de Las Heras - madrid
León

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José Luis Rodríguez Zapatero aprovechó ayer el púlpito de La Moncloa para hacer un balance amable de sus cuatro años al frente del Gobierno y reclamar el apoyo de los ciudadanos en las elecciones convocadas, apenas minutos antes, para el próximo 9 de marzo. El jefe del Ejecutivo salió exultante de la reunión extraordinaria del Consejo de Ministros, de apenas quince minutos, celebrada para aprobar el decreto por el que este martes se disolverán el Congreso y el Senado elegidos en 2004. «Me siento fuerte, más fuerte y motivado que nunca», proclamó. Con la mente puesta ya en la campaña electoral, pidió la confianza ciudadana para culminar su proyecto. El presidente del Gobierno trató de mantener el equilibrio entre la solemnidad del momento y su condición de candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno, pero ganó lo segundo. Incluso su arenga más institucional tiene una lectura positiva para su partido. Zapatero llamó a los ciudadanos a una participación masiva en los comicios. Está en el guión de todo gobernante, pero los socialistas hacen especial hincapié en ello porque están persuadidos de que su triunfo depende en buena medida de que el porcentaje de voto sea elevado. Hace cuatro años superó el 75% del censo electoral; ahora ambicionan que supere al menos el 70%. Una participación elevada implicará, a su juicio, que el sector de la población que en las encuestas declara su simpatía hacia el PSOE acudirá a votar. Y si es así, la vistoria es segura, porque las encuestas conceden al PP una mayor fidelidad de voto, pero dan una abrumadora mayoría en intención voto más simpatía a los sociliastas. De ahí el especial interés de su secretario general en que todos aquellos que puedan votar «ejerzan su derecho a elegir a su gobierno». Gobierno sin socios El presidente del Ejecutivo aseguró que el ejercicio de su cargo, más que difícil, ha sido para él un honor, pero no ocultó su deseo de poder gobernar con una mayoría «más amplia» en el Congreso para cumplir su programa sin la intranquilidad de saber si tendrá apoyos suficiente para sacarlo adelante. En esta legislatura, el Gobierno ha tenido que renunciar a una decena de proyectos de ley; entre ellos, el relativo a la descentralización de la Justicia, un obstáculo para muchos de los estatutos de nueva generación. Rodríguez Zapatero es poco amigo de sellar pactos de legislatura. Su objetivo es gobernar en solitario y lograr acuerdos concretos en caso de necesitarlos. A dos meses para las elecciones, se negó una vez más a casarse con nadie, aunque insistió en que cualquier «partido responsable de ámbito estatal» tiene la obligación de entenderse con CiU y PNV para garantizar la estabilidad del país. El jefe del Ejecutivo admitió que sus relaciones con estas formaciones atraviesan algunas dificultades, pero achacó las diferencias al clima preelectoral. El momento clave se producirá el 1 de abril, fecha en la que, según el decreto aprobado hoy, las nuevas Cortes celebrarán sus sesiones constitutivas. El presidente se mostró tranquilo porque, pese a la precaria mayoría lograda en 2004, esta legislatura dijo haber cumplido sus promesas. «He sido fiel y he cumplido mi palabra: prometí más bienestar y hoy hay tres millones más de puestos de trabajo, la tasa de paro más baja de la democracia; prometí una gestión rigurosa de los recursos y tenemos un superávit en las cuentas públicas de 2%», destacó. Incluso se mostró satisfecho con su actuación durante el proceso de paz con ETA. «Prometí buscar el fin de la violencia terrorista o reducirla al máximo; lo he hecho con la aplicación del Estado de derecho, siempre para proteger vidas y salvaguardando los principios esenciales del sistema democrático y el marco constitucional, con la ley en la mano y con el respaldo del Parlamento», defendió. También admitió, de nuevo, que tras el atentado de la T-4 permitió contactos con la organización terrorista, pero los justificó en la presión de los mediadores internacionales y añadió que sus expectativas eran «prácticamente nulas».

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