Las matriculaciones de la DGT están infladas a su favor
El Gobierno maquilla estadísticas que no le convienen y se apresura a dar por buenos mercados de segunda mano e importaciones en la Dirección General de Tráfico
Llegar como sea a las próximas elecciones en un escaparate optimista es el lema de la DGT, que da estadísticas de matriculaciones como churros, incladas en más de una quinta parte cuando habla o asimila la venta de vehículos nuevos a las de matriculaciones. Los concesionarios de automóviles, siempre celosos de sus negocios, no acaban de cuadrar las cuentas con las del máximo expositor del país, sabiéndose el mejor termómetro de lo que pueda pasar en la economía del futuro. En las tablas que manejan hay dos baremos: los de las marcas caras suben y los de las medias y baratas caen a pasos agigantados. Y, como da la casualidad, de que la mayoría de la gente compra coches de doce mil euros para abajo, resulta que las ventas han caído no por lo fino, sino a lo bruto. Resultan llamativas las rematriculaciones de vehículos de segunda mano, antaño de lujo, procedentes de los países más ricos de la UE, que ahora se rematriculan en España como coches de alta marca a bajo precio. Casi todos ellos están muy rodados, pero no tanto como los pobrines de aquí. No es lo mismo un Mercedes o un BMW alemán con cien mil kilómetros que el desguace de un coche español con el doble de caminos vecinales, subvencionado luego con un renove de 450 euros. Lo primero es un negocio y lo segundo una ruina, aunque todo cuenta a efectos estadísticos de la DGT, donde suman y siguen churras con merinas. El mercado de coches nuevos no se le parece en nada. Por ejemplo el de todoterrenos. Nunca se había visto tanto ecologista fiscal.