Los cursos anuales, que se autofinancian, tienen un coste de entre 115 y 270 euros
La matrícula de los cursos de idiomas en la Universidad sale barata, entre 188 euros para estudiantes y 270 para quienes lleguen de fuera, con titulaciones académicas previas o no. La duración media de los cursos es de noventa horas lectivas, así que el precio medio de las clases apenas supera los tres euros por hora -quinientas de las antiguas pesetas- para grupos de diez o quince alumnos como máximo. Partiendo de estos sencillos baremos de costes administrativos los cursos del Centro de Idiomas logran autofinanciarse, incluso en las lenguas más exóticas. Según su coordinador, José Luis Llamas, «si sobra dinero en inglés lo pasamos al ruso o al chino, y a la inversa, aunque esto último es poco frecuente». Lo normal, según él, es que corra con los gastos fijos de infraestructura y aulas la universidad, algunas embajadas financien con becas a alumnos y profesores propios y lo demás se cuadre con las matrículas, «porque ayudas o subvenciones propiamente dichas no tenemos». No obstante, se cubren gastos. Según Llamas, es suficiente para ello con cursos de noventa horas y diez estudiantes, a cuyas matrículas se añaden encargos de otras administraciones. Los más frecuentes son traducciones desde la policía o los juzgados, que a menudo también demandan intérpretes para los más variopintos interrogatorios o testimonios, contando con que la delincuencia también se globaliza. Por cuenta propia El aprendizaje de idiomas lejanos y difíciles de localizar en centros oficiales o academias de enseñanza tiene, al margen de la Universidad, su propio mercadillo. En el tablón de anuncios estudiantil del Centro de Idiomas, ubicado en la antigua Escuela de Comercio, junto al jardín de San Francisco, se ofertan clases de lo más particular: el profesor nativo de inglés es un estudiante de London, el de francés de Las Landas, el de alemán de Frankfurt, el ruso de Voronetz y el chino de Hu Nam, todos matriculados en la ULE. Al final se suele montar un batiburrillo babeliano en el que unos aprenden de otros cualquier lengua, menos la española, según el coordinador del Centro de Idiomas, José Luis Llamas, que lo da todo por bueno. «Si nosotros cobramos 270 euros, imagínese ellos: lo más probable es que, digamos, se paguen en especie, así que el chino enseña a un ruso, y a la inversa, que, a su vez, aprenden de otro inglés o francés». Los chicos, sin embargo, manejan Internet y, ya fuera de las aulas, basta con apretar una tecla después de llamar al idioma correspondiente para que te aparezcan cientos de ofertas de clases particulares, tanto que ni vienen domiciliadas en ninguna academia. Tampoco vienen los precios. Pero ni falta que hace.