La Generalitat aguardará al nuevo Ejecutivo central «para convencerlo»

Narbona reclama a Cataluña que opte por alternativas al trasvase

El Gobierno intenta evitar una guerra del agua en la que intervengan Aragón, Valencia o Murcia

Imagen del Segre, el río del que se pretende hacer el trasvase

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Natalia Araguás - barcelona
León

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El pulso sobre el hipotético trasvase del Segre sigue en las mismas. El Gobierno central dice no; la Generalitat, ya veremos. Un tira y afloja con sordina para no declarase una guerra del agua abierta que podría además implicar a otras regiones como Aragón o Valencia y Murcia, estas últimas agraviadas por la derogación del trasvase del Ebro proyectado en tiempos de José María Aznar. En ese ambiente la ministra de Medio Ambiente en funciones, Cristina Narbona, emplazó ayer al ejecutivo catalán a buscar otras opciones a la de un trasvase del río Segre a la cuenca del Llobregat para paliar la sequía que amenaza al área metropolitana de Barcelona. En conversación telefónica con el consejero catalán de Medio Ambiente, Francesc Baltasar, Narbona insistió en el rechazo del gobierno a permitir que sea agua del Segre, afluente del Ebro y por tanto competencia del Ejecutivo Central, la que ponga remedio a los problemas de Barcelona. Como medidas alternativas, Narbona sugirió la compra de derechos de agua a los agricultores, como ya se hace en otras regiones españolas. De esta manera, la ministra ratificó la negativa tajante que el viernes expuso la vicepresidenta del gobierno, Fernández de la Vega, a cualquier cesión de agua, llámese trasvase, llámese «aportación temporal» del agua. La Generalitat, por su parte, dijo hacerse cargo de las «reticencias» de la ministra a efectuar una cesión de agua del Segre, en lo que reconocen «podía ser interpretado» como un trasvase. Según declaró Baltasar, el gobierno catalán no ha querido «forzar» a Narbona teniendo en cuenta que está en funciones y que, en todo caso, la decisión le corresponderá al futuro gobierno una vez se forme. Baltasar aseguró conservar la «esperanza» y confiar en su «capacidad de persuasión» para convencer al próximo ejecutivo español de la necesidad de realizar la captación de agua. Se trata de una «aportación puntual, limitada en el tiempo y desmontable», remachó el conseller tras la reunión que mantuvo con CiU ayer por la tarde.

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