Diario de León

El nuevo presidente del Congreso consigue el menor respaldo de la democracia sin el apoyo total de los nacionalistas

Bono pide el fin de la crispación y que se diriman las diferencias con palabras

En la primera vuelta cuatro diputados no le dieron el voto y en la segunda ya sólo fueron dos

Manuel H. de León

Manuel H. de León

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Ramón Gorriarán - madrid
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Rodeada de sus antiguos compañeros de partido, la diputada de UPD, Rosa Díez, se aburrió bastante y llegó a bostezar en varias ocasiones José Bono pidió a los nuevos diputados que acaben con la crispación que presidió la anterior legislatura y diriman «con palabras» sus diferencias. El nuevo rector de la cámara, que resultó elegido presidente del Congreso con 170 votos, el menor respaldo en toda la historia reciente de la democracia, empleó un tono conciliador en su primera intervención, reclamó mesura a los parlamentarios para evitar «los tumultos», y aprovechó también para hacer un guiño a los nacionalistas, que rechazaron su candidatura, elogiar a Alfonso Guerra, quien tampoco estuvo de acuerdo, y buscar la improbable complicidad del PP. El popular Federico Trillo tenía la marca de ser el presidente del Congreso con menor respaldo, 179 votos logrados en 1996, pero Bono, a su pesar, batió su registro con 170 papeletas. Y ni siquiera todas fueron de los 169 diputados del PSOE ya que los dos parlamentarios de Coalición Canaria y el único de IU, Gaspar Llamazares, votaron al ex ministro de Defensa y ex presidente de Castilla-La Mancha. El socialista también tuvo el dudoso privilegio de ser el primer presidente del Congreso elegido en segunda votación por mayoría simple. Ni en los tiempos más precarios de la extinta UCD en la transición se dio esa circunstancia. En la primera vuelta, el candidato socialista reunió 168 apoyos, y si se tiene en cuenta que tres de esos votos eran de Coalición Canaria e IU, significa que cuatro diputados del PSOE negaron su respaldo a Bono. En la segunda vuelta, ya sumó 170, y de nuevo dos compañeros de partido no le votaron. Bono, como se esperaba, no contó con la anuencia de los nacionalistas ni de la diputada de Unión, Progreso y Democracia. Esos 170 votos, sin embargo, fueron suficientes para derrotar a la candidata del PP, Ana Pastor, quien sumó 152 y que también soportó dos deserciones de sus compañeros de grupo. El ex titular de Defensa ignoró su escasez de apoyos en la primera alocución tras tomar posesión. Fue una intervención conciliadora, pero a la vez mordaz. En un aviso a los nacionalistas se olvidó de su anterior amenaza de «atizar con el listín telefónico» a quienes defienden «privilegios», y, por el contrario, dijo sentirse «motivado para ganar la confianza de quienes no pusieron mi nombre» en la papeleta. No por ello olvidó su mensaje homogeneizador y subrayó que «la diversidad y la diferencia entre nosotros, como entre los españoles, es un hecho, pero la igualdad es el derecho principal». Bono aludió a su secular adversario en del PSOE, Alfonso Guerra, con quien pasó de mantener una estrecha amistad en los 80 a una enemistad bíblica en los 90. Como botón de muestra de que la situación pervive, Guerra declaró la víspera que, a su juicio, había mejores candidatos que Bono, pero el flamante presidente del Congreso respondió al desprecio con un homenaje. Subrayó que el ex vicepresidente del Gobierno es el único diputado elegido sin interrupción desde 1977 y alabó la trayectoria de quien «tanto contribuyó al feliz alumbramiento de la libertad». Trató de buscar la connivencia del PP con una alusión al fallecido Gabriel Cisneros, «uno de los padres de la Constitución y un ejemplo como parlamentario y como persona». Unas palabras premiadas con una ovación unánime. Pero Bono, sobre todo, intentó mostrar su faceta más humilde y conciliador. Dijo que pretendía «ser el presidente de todos» y tratar a todos «por igual, en especial a las minorías». Solicitó «indulgencia» para sus futuros errores y «ayuda, al menos en los primeros tiempos». Pero, sobretodo, pidió un cambio en las formas para que no se repitan los espectáculos de la pasada legislatura ya que «el tumulto nunca conduce al progreso». En esta línea, reclamó que «las palabras» sean el «instrumento para dirimir las diferencias» y no las trifulcas y las descalificaciones. «Imitemos a la sociedad a la que representamos, tratemos de igualarla en lo que tiene de tolerante, respetuosa y educada» JOSÉ BONO Presidente del Congreso

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