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Nuevos tiempos, viejos estigmas
Una de cada cinco muertes violentas en León ya es autoinfligida. El suicidio, hasta ahora un asunto tabú, comienza a ser una preocupación política por su incidencia entre los jóvenes
Un suicidio pocas veces ocupa más de media columna en un periódico y siempre bajo el eufemismo de «una muerte en extrañas circunstancias». La teoría dice que hablar de suicidio provoca más suicidios -en 1897 el sociólogo Durkheim postuló que la muerte autoinfligida era un fenómeno sociológico más que un puro de acto de individualismo-, por lo que la sociedad y todos sus tentáculos, incluidos los partidos políticos y los medios de comunicación, han asumido este tipo de muertes violentas con extremo respeto, incluso llegando a apartarlo de cualquier debate como un asunto tabú. Pero el impacto que supone el suicidio a escala global -en el mundo se matan más personas de las que pierden la vida en homicidios y guerras- está empezando a despertar el interés de altas instituciones como la OMS o la Unión Europea. Muchos entre tan pocos En León, el suicidio tiene una incidencia muy importante en relación al número total de muertes violentas que se producen cada año. Según la estadística del INE relativa a las defunciones por la causa de muerte, en la provincia se suicidaron 40 personas en el año 2006. Son la mitad de fallecidos que en los accidentes de tráfico (81) y ya se han consolidado como la segunda causa de mortalidad externa, sólo por detrás de las víctimas mortales en carretera. Según la misma fuente, se trata mayoritariamente de hombres -35 frente a cinco mujeres- que deciden poner fin a su vida por ahorcamiento (21 casos), saltando desde un lugar elevado (14) o utilizando un objeto cortante (cuatro víctimas mortales). Meses de verano El mes de defunción suele variar de año en año, pero los suicidios se concentraron principalmente en los meses de verano, sobre todo en junio, cuando perecieron por estos medios siete personas, seis de ellos varones. Mientras otro tipo de muertes violentas, como los homicidios o los accidentes de tráfico, se han ido reduciendo durante los últimos años, con el suicidio la tendencia no decrece, más bien se ha estabilizado durante los últimos 28 años. Desde 1980, cuando se registraron 28 muertes autoinfligidas, esta tipología de fallecimiento ha oscilado entre los 40 y los 50 casos, alcanzando el pico el año que cambió el milenio, con 64 casos. Lo más llamativo de la estadística es que la cuarta parte de los suicidas tenían menos de 34 años de edad. Empiezan a ser habituales los suicidas adolescentes o muy jóvenes -cuatro muertos de 15 a 24 años-, colectivo en el que los varones también son los autores de su propio fallecimiento. Hace escasos días, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobaba una resolución para expresar su inquietud porque la sociedad subestime el número de suicidios de adolescentes, de entre 11 y 24 años, que afecta anualmente a decenas de miles de chavales en toda Europa. Problema adolescente La resolución, aprobada por una unanimidad de 29 votos, ponía de manifiesto la influencia de la violencia física, psíquica y económica, así como de la discriminación religiosa, étnica o sexual, que puede llevar a un adolescente a tomar esa trágica decisión. Según el informe El suicidio de niños y adolescentes en Europa: un grave problema de salud pública debatido por el Pleno, el 15% de los adolescentes que han tenido una tentativa de suicidio son reincidentes y el 75% no son hospitalizados. Preocupan los gais El texto también expresa su preocupación por «la tasa particularmente más elevada de suicidios de jóvenes lesbianas, gais, bisexuales y transexuales» que entre el resto de personas de su edad. La asamblea incide en el peligro que supone una «mala utilización de internet», donde se encuentran espacios que hacen la apología del suicidio. Para prevenir esta situación, la Cámara invitó a sus 47 estados miembro a convertir este asunto en una prioridad política, a prevenir la violencia e intimidación escolar, a convertir el suicidio en una disciplina de estudio y a combatir el abuso de estupefacientes y alcohol entre los menores. Además, se anima a luchar contra la «práctica inhumana» de los matrimonios forzados, la homofobia y «la estigmatización de cualquier comportamiento sexual, incluida la transexualidad», y a ampliar el apoyo psicológico y social. Entre los países que informan sobre la incidencia de suicidios, las tasas más altas se dan en Europa del este, y las más bajas sobre todo en América Latina, los países musulmanes y unos cuantos países asiáticos. Se dispone de poca información sobre el suicidio en los países africanos. Una muerte, 20 intentos Se calcula que por cada muerte atribuible a esa causa se producen entre 10 y 20 intentos fallidos de suicidio, que se traducen en lesiones, hospitalizaciones y traumas emocionales y mentales, pero no se dispone de datos fiables sobre el verdadero alcance. Las tasas tienden a aumentar con la edad, pero recientemente se ha registrado en todo el mundo un aumento alarmante de los comportamientos suicidas entre los jóvenes de 15 a 25 años. Exceptuando las zonas rurales de China, se suicidan más hombres que mujeres, aunque en la mayoría de lugares los intentos de suicidio son más frecuentes entre las mujeres.