Los socialistas temen que CiU ponga un precio inalcanzable para formalizar un acuerdo de legislatura

El PSOE reclama a Zapatero iniciativas políticas para contrarrestar el giro del PP

El Gobierno busca pactos estables para aliviar su hostilidad con los grupos parlamentarios

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Paula de Las Heras - madrid
León

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La estrategia de presentarse como un partido sin hipotecas con los nacionalistas hace aguas. El Gobierno y el PSOE ansían ya llegar a un acuerdo de legislatura con Convergència i Unió (CiU) como socio preferente o, en su defecto, con el Partido Nacionalista Vasco (PNV). El secretario de Organización socialista, José Blanco, admitió ayer que el principal objetivo de los suyos es forjar alianzas «estables» en el Parlamento y firmar pactos de Estado con el Partido Popular. Buscan una estrategia con la que neutralizar la foto de un Ejecutivo solitario, patente en las dos últimas semanas parlamentarias. El hecho de que sea Blanco el que haga este reconocimiento público no es menor. Suya fue la decisión de ir en solitario a la elección de Bono como presidente del Congreso, primero, y a la investidura del propio José Luis Rodríguez Zapatero, después. La explicación que ofrecieron entonces tanto él mismo como el Gobierno se apoyaba en que si había sido fácil gobernar sin pactos cerrados cuando su mayoría era más exigua, ahora que sólo les faltan seis diputados para llegar a la mayoría absoluta no debía ser más complicado. El tiempo los ha desmentido. En el Ejecutivo y en la dirección del PSOE achacan los revolcones parlamentarios del último mes a la coyuntura económica. Es lógico, dicen, que en un momento en el que los ciudadanos perciben dificultades todos quieran aparecer como los más reivindicativos frente al Ejecutivo. Así justifican que el PP recabara el apoyo de las demás formaciones a su moción para paliar las consecuencias del alza en los precios de los hidrocarburos o que todos los grupos reclamaran, frente a unos socialistas solitarios, la comparecencia de Rodríguez Zapatero en el Congreso para hablar de la crisis. Muchos dirigentes admiten, sin embargo, que el problema va más allá y que ha llegado el momento de asumir que las relaciones con las distintas fuerzas parlamentarias no pueden ser ya las de la anterior legislatura.

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