Los aviones no tripulados desarrollados en León se quedaron en tierra; sólo voló la Patrulla Águila
El mal tiempo desluce eldesfile de las Fuerzas Armadas en Madrid
La ministra Chacón es la primera vez que asiste al acto en el que Zapatero fue pitado por parte del público

Efectivos de la Unidad Militar de Emergencias en el momento del paso por la tribuna de autoridades
El mal tiempo deslució el desfile de las Fuerzas Armadas, el acto central del Día de la Fiesta Nacional. La temida lluvia no hizo su aparición, pero el cielo totalmente encapotado y el viento obligaron a reducir la parada militar, presidida por la Familia Real al completo. La jornada desapacible también provocó una asistencia de público mucho menor que en otras ocasiones al Paseo de la Castellana de Madrid, por donde ayer desfilaron más de 4.600 hombres y mujeres de los tres ejércitos y 250 vehículos de todo tipo. El momento más emotivo de la celebración lo protagonizaron los familiares de las víctimas de la banda terrorista ETA durante la ofrenda a los caídos. Debido a las condiciones meteorológicas adversas, el tradicional desfile se quedó sin las vistosas exhibiciones aéreas. De las 73 aeronaves (entre aviones y helicópteros) que tenían que haber surcado el cielo de la capital, entre los que se encontraban los no tripulados que fueron desarrollados en León, sólo salieron los siete nuevos reactores de la Patrulla Águila para dibujar con humo los colores de la bandera nacional. El presidente del Gobierno llegó a la Plaza de Colón minutos antes de que comenzara el acto a las 10.30 horas. Cuando la megafonía anunció la aparición de José Luis Rodríguez Zapatero una parte del público le recibió con gritos y abucheos, como ya ocurrió en años anteriores. Apenas instantes después llegaron los Reyes, los Príncipes de Asturias, los Duques de Palma y la Duquesa de Lugo, quien por primera vez asistió al desfile sin la compañía de Jaime de Marichalar. En las tribunas de honor también estuvo la titular de Defensa, Carme Chacón, en la primera ocasión que asistía como máxima responsable de los ejércitos; el resto de los ministros (a excepción de los titulares de Economía e Industria, Pedro Solbes y Miguel Sebastián); representantes del PP y del PSOE y de las principales autoridades del Estado, entre ellos los presidentes del Congreso y del Senado, José Bono y Javier Rojo. Menos nutrida fue la representación de las comunidades. Sólo cinco presidentes autonómicos acudieron al desfile, los de Madrid, Extremadura, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Cantabria. La nota de color la puso la jefa del Ejecutivo madrileño, Esperanza Aguirre, que llegó ataviada con un vistoso chubasquero de los servicios de emergencias de la comunidad. Don Juan Carlos abrió el acto recibiendo los honores militares. Luego pasó revista a las tropas y se procedió al izado de la bandera. Fue ese, quizás, el momento donde se dejó sentir más la ausencia de la fuerza aérea. Desde hace años, la enseña nacional llega desde el aire, de manos de los efectivos de la brigada paracaidista, que se lanzan a la Plaza de Colón desde un helicóptero. Así las cosas, la bandera la portaron cuatro oficiales. El desfile en sí se abrió con las unidades motorizadas terrestres. Junto a los carros Leopard y Pizarro, por primera vez se pudieron ver desfilar los vehículos resistentes a minas Lince, el nuevo blindado de las tropas españolas en el extranjero. Tras la Guardia Real, ya a pie, marcharon las unidades más destacadas de los tres ejércitos y del instituto armado. La Legión y los Grupos de Regulares de Ceuta y Melilla, como es habitual, suscitaron los mayores aplausos de los asistentes. En esta edición de la Fiesta Nacional participaron militares de los 13 países de la Otan, entre ellos Estados Unidos.