Diario de León

«La Guerra Civil es asunto de historiadores, no de jueces»

Tzvetan Todorov, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales discrepa de la iniciativa sobre el franquismo de Garzón

Todorov cree que la historia debe conocerse pero no juzgarse

Todorov cree que la historia debe conocerse pero no juzgarse

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Tomás García Yebra - madrid
León

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Tzvetan Todorov, último premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, dice que lo que ocurrió en la Guerra Civil es un asunto «de historiadores, no de jueces». En clara alusión a la iniciativa del juez Garzón, que pretende inculpar a Franco y su cúpula militar por cometer crímenes contra la humanidad, expuso que juzgar el pasado es «una empresa condenada al fracaso». En su opinión, «la historia hay que conocerla para extraer conclusiones, pero no juzgarla». El pensador búlgaro, quien acaba de publicar El miedo a los bárbaros (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores), sostiene que la justicia humana no puede pretender alcanzar niveles absolutos. «Sería un error equipararse con la justicia divina», afirmó. «En la guerra española de 1936 se cometieron muchas injusticias, pero ¿por qué hay que detenerse ahí?, ¿por qué no nos vamos más hacia detrás?». En ese hilo argumental recordó la famosa frase del filósofo alemán Walter Benjamin: «No hay testimonio de civilización que no lo sea también de barbarie». Todorov, de 69 años, no es partidario de olvidar. Al contrario: considera necesario «abrir todos los archivos a los historiadores y a los ciudadanos para que se conozca a fondo lo que ocurrió». Pero ese conocimiento debe llevar a «espacios de comprensión, no de división; a espacios de tolerancia, no de menosprecio». En una de las máximas de este pensador se aconseja «ponerse siempre en lugar del otro». Adalid del espíritu de unidad entre Europa oriental y occidental, insistió en la fatuidad de juzgar los hechos históricos. «La justicia se reduce a dos palabras: culpable o inocente, mientras que los historiadores se permiten análisis más matizados, sin planteamientos maniqueos». Autor de Elogio del individuo y El espíritu de la Ilustración, entre otras obras, recordó la durísima represión que hubo en Francia tras la Segunda Guerra Mundial. Tras calificar estos sucesos como «una de las páginas más negras» del país vecino, alabó nuestra transición democrática. «España se puede sentir orgullosa, pues no hubo ningún tipo de depuración cuando cayó la dictadura». Todorov vive en París desde 1963. A través de casos concretos -como el asesinato de Theo van Gogh, las caricaturas danesas de Mahoma o el discurso del Papa en Ratisbona-, el pensador búlgaro reflexiona en su último trabajo sobre la identidad europea, la inmigración y el diálogo entre culturas.

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