Diario de León

Los treintañeros, normalmente sin pareja, siguen viviendocon sus padres

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Ciudades como León, que se beneficiaron del movimiento campo-ciudad, presentan unos altos índices de jóvenes treintañeros que viven todavía en el hogar paterno. El indicador de emancipación marca el porcentaje de personas de 30 a 34 años que viven dentro del núcleo familiar y no son cabezas de familia. En León, esta tasa está por debajo de la media nacional. El estudio subraya las peculiares características de este grupo de edad: están sufriendo con el resto del país una crisis económica que a ellos les ha cogido protegidos en el seno familiar, pero acompañada de trabajo precario y dificultad de acceso al empleo. Además se ha producido un espectacular aumento del precio de la vivienda que los ha dejado fuera del mercado. Si a ello se une el cambio social y la tolerancia en las familias, se ha creado una situación favorable para la permanencia de una parte importante de jóvenes adultos mayores de 30 años en el seno familiar que afecta a una cuarta parte de estos grupos de edad. Por otra parte, en las segundas orlas metropolitanas, que se han conformado a partir de la década de los ochenta, presentan los porcentajes más altos de emancipación. Aquí el paradigma es San Andrés del Rabanedo, que aparece en el mapa como el municipio leonés más renovado. Pertenece al grupo de ciudades de reciente crecimiento, muy jóvenes, en las que las mayoría de los cabezas de familia ronda la treintena o la cuarentena, los cuales, por sus circunstancias económicas o familiares, han podido acceder al mercado de la vivienda pero renunciando a vivir en el corazón del área metropolitana. Finalmente, la mayoría de los espacios rurales, especialmente los pequeños núcleos, muestran un modelo familiar en el que se mezclan los treintañeros solteros y jóvenes parejas que, por lo menos oficialmente, conviven con los padres. Muchos son jóvenes que estudian o trabajan en la ciudad pero que se encuentran censados en la casa familiar. Otro de los indicadores que se estudian es el de la dependencia juvenil, es decir, la proporción de menores de 20 años respecto a la población de 20 a 59 años residente en el mismo territorio. Es una visión parcial de la pirámide de población, útil, entre otras cosas, para analizar las necesidades asistenciales de las familias con personas menores a su cargo, proyectar servicios públicos orientados a ellas o calcular la capacidad de reemplazamiento de la población activa. León se mueve en niveles más bajos de la media nacional, como ocurre en la mayor parte de los territorios de la mitad septentrional del país, lo que tiene consecuencias directas en la tasa de reemplazamiento, indicador que mide la relación entre la población de 55 a 59 años y la de 20 a 24, un dato esencial para conocer el futuro del sistema de pensiones a medio plazo. En definitiva se trata de saber cuántas personas están a punto de jubilarse en relación con las que van a incorporarse al mercado laboral. En León son muchas más las primeras que las segundas, y no sólo en pueblos remotos, como se observa en los mapas facilitados por el equipo de investigación. Estamos cada vez más solos. Jóvenes desemparejados que solos envejecen. Uno de los problemas más acuciantes de la sociedad actual es el incremento de personas mayores que viven solas. Vivir solo mientras uno puede valerse por sí mismo constituye una de las características sociales de la población envejecida que quiere permenecer en sus hogares como una garantía de calidad de vida, pero no siempre es fácil. León supera la media nacional del 20% de personas mayores de 65 años que viven solas, un problema especialmente difícil en el medio rural. Tampoco son buenos tiempos para las relaciones. Solteros y solterones -abundan los adultos sin emancipar-, viudos, separados y divorciados tienen mayor peso que la población emparejada. Vivimos en la sociedad del «yo».

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