Un gesto en el Órbigo
El centro I+D+i del polígono de Villarejo cumple diez años después la promesa de ocupar el vacío social y económico que dejó en la comarca el cierre de la azucarera

Carlos Mayo, Juan Vicente Herrera, Silvia Clemente y Antonio Silván
Las instalaciones del centro de investigación de biocarburantes en Villarejo rompen con la planicie que ofrece la ribera, dedicada en esa zona de forma masiva y casi exclusiva al cultivo extensivo. La instalación cumple con una vieja promesa para la comarca, una de las más dinámicas de la provincia, que esperaba desde hace diez años que en la zona se aplicaran alternativas reales al vacío social y económico que representó el cierre de la fábrica azucarera. «Algo es algo», opinan los menos pesimistas, una década después del envite industrial. La opinión se contrapone con la que domina entre los que observan el polígono de Villarejo «escaso de actividad pese a estar desde el siglo pasado en fase permanente de rehabilitación». Los números prestan su propia interpretación: la moderna tecnología del centro, que permitirá crear vías para la obtención de biocarburantes o mejorar las ya existentes, es una fuente de empleo de alta cualificación -de los que León no está sobrado, precisamente-. Cuatro laboratorios de análisis, depósitos de fermentación, sistemas de almacenamiento y producción diaria de 500 litros al día de etanol. Más cifras: 9,2 millones de inversión aplicados en una zona que suspira por avanzar en la relación entre la industria y la agricultura, bases esenciales de las señales de progreso que llegó a enseñar el Órbigo en épocas no tan alejadas. La Junta se decanta por el término «compromiso» para dejar constancia de su papel en la situación de devolver a una comarca al tiempo de desarrollo.