HIJA DE BRUNILDA GORDÓN CARMONA Y DANIEL CANO
«Siempre hemos pensado en la República como un lamentable aborto»
Consuelo y su hermana Carmen, hijas de Brunilda Gordón y Daniel Cano, vivieron casi toda su vida con sus abuelos. Tras la separación de sus padres, Félix Gordón Ordás y su esposa Consuelo Carmona se hicieron cargo de las pequeñas. Hoy tiene dudas respecto a si tiene la nacionalidad española de origen, porque de no ser así la solicitará de inmediato por la vía que abre la Ley de la Memoria Histórica. De sus tres hijos, asegura que dos, Juan Antonio Perujo y Jimena Perujo, también pretenden acogerse a este nuevo derecho por sus antecedentes paternos. -¿Qué significado tiene para usted esta noticia? -Es fantástico, buenísimo que se reconozca como españoles de origen a los hijos y nietos de refugiados. Es muy importante porque realmente es algo que nos quitaron, ¿no? -Y de qué manera, además. -Exactamente. No es que se opte porque te vayas a hacer otra vida por voluntad propia, sino que te lo arrebatan. -¿Conserva un recuerdo emocionado de su abuelo? -Sí, sí. Quisimos mucho al abuelo. Nos asustaba un poco porque era demasiado serio, aunque siempre estaba de por medio la mano izquierda de mi abuela, que era una mujer extraordinaria. Los recordamos con mucho cariño. -¿Qué recuerda de él? -Tuvimos mucha relación, pero no muy imbuida de política. Siempre nos mantuvo un poco al margen, aunque mi madre fue su secretaria muchos años y todos sus libros se los escribió ella a máquina, nosotros sí estábamos más alejados de ese planteo político. -¿Es posibe que fuera una manera de protegerlos? -Quizá sí. Él siempre tuvo la idea, desde el primer momento, de que cayendo Franco volveríamos a España. Pero los años pasan y te vas dando cuenta que hijos y nietos están arraigados en otra cosa. Probablemente ese era su planteo, aunque, por ejemplo, siempre fue impensable para mí, aunque alguna de mis primas sí lo hizo, volver a España de paseo antes de morir Franco. Incluso tuve una oportunidad y dije que no, que yo no le iba a dar ese disgusto a mi abuelo, que volvería a España cuando hubiera muerto él o cuando hubiera muerto Franco. Creo que era un disgusto de muerte que no se le podía dar. -Cuando a alguien se le arrebata de esa manera tan violenta su origen, en fin, casi todo es comprensible. -Mi abuelo tenía una caja que le trajo un amigo con tierra de León. Esa tierra se puso en su caja cuando se enterraron sus restos. -Se ha guardado rencor en su casa por la persecución vivida? -Es sólo un ejemplo, pero el día que murió Franco la oficina donde yo trabajaba nos pasaba el desayuno a una hora de la mañana y el camarero, muy comedido, planteó que sentía mucho que hubiera muerto Franco y yo le contesté que no lo sentía nada y que incluso lo habíamos estado celebrando en casa. Realmente creo que ésa era la idea. -¿Qué le ha dado México? -Todo. Aquí siempre nos han tratado como mexicanos. Siempre decíamos que Lázaro Cárdenas era el tataLázaro . Era un agradecimiento absoluto a toda su actitud, ante la Guerra Civil, ante el exilio y cómo nos acogió. -¿Le escuchó alguna vez soñar con la España que habría hoy si la República hubiese prosperado? -Supongo que sí. Siempre hemos pensado en la República como un lamentable aborto. Todos sabíamos que mi abuelo quería ser enterrado en León. Le hubiera encantado poder volver en vida. Si las cosas se hubieran dado de otra manera, a la edad que tuviera se hubiera vuelto a España.